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Peli vs libro: ‘Perseguido’ contra ‘El fugitivo’

Me fascina cuando la diferencia de criterio en la traducción aporta exactamente los matices necesarios. Justo venía a explicaros algo que ya se intuye enfrentando los títulos en castellano de la película y la novela: mientras que en la primera al protagonista lo persiguen, en el libro huye. No sé fue una decisión voluntaria y estilística o más bien una cuestión de marketing, pero me encanta. En inglés ambas son ‘The Running Man’, que tiene un rollo más abstracto y talmente se podría aplicar a lo de que habla Haruki Murakami cuando habla de correr.

Stephen King publicó ‘El fugitivo’ en 1982, bajo el seudónimo de Richard Bachman. El mismo King explica que creó un alter ego para dar salida a su fiebre productiva, que le llevaba a tener listas para imprenta dos (o más) novelas al año. Quiero creer que, aunque él fuera un torrente de arte y brío narrativo, alguien en su(s) editorial(es) se dedicaba a pensar más en lo que viene siendo el duro arte de vender y repartía las obras intentando preservar el posicionamiento de ‘genio del terror’. Entiendo que todo lo que no encajaba dentro del concepto marca de la casa de ‘terror de lo cotidiano’ (el perro se vuelvo diabólico, el coche se vuelve diabólico…) salía con la etiqueta Bachman.

Cuento todo esto porque ‘El fugitivo’ es, para mí, una tentativa del King en el terreno de la ciencia ficción… que o no le acabó de salir o el tiempo ha tratado nada más que regular.

La novela es una distopía de manual en la que King juega con un concepto tan propio del género como el de un Estado que envenena el aire y no solo consiente que los ciudadanos enfermen y mueran sino que, además, saca partido de ello. Siguiendo el manual orwelliano al dedillo, resulta que uno de los principales mecanismos para mantener el status quo es la ‘librevisión’, que tiene en ‘El fugitivo’ su programa de más éxito. El concursante de ‘El fugitivo’ es un declarado enemigo del Estado y, como merece la muerte, será perseguido implacablemente por los Cazadores. Pero como el Estado también sabe ser clemente, el fugitivo de marras puede ganarse el perdón si sobrevive 30 días.

Para mí el problema de la novela es que pretende abarcar demasiado. La persecución es solo un complemento a la parte que narra el descubrimiento de los tejemanejes del Gobierno. Y, al final, ni una cosa ni otra: el punto de destino de ‘El fugitivo’ es el punto de partida de muchas otras obras más memorables y los personajes no van mucho más allá tampoco. No ahonda en apenas nada y se limita a quemar trama, que en mi humilde opinión no sería la elección más adecuada para esta novela.

Estamos, pues, ante uno de esos casos en los que la peli me parece más recomendable que el libro. Básicamente porque el guión de Steven E. de Souza es más consciente de lo que quiere contar y resulta más efectivo al centrarse en una sola idea. Para el caso, ‘Perseguido’ se presenta como un producto televisivo muy específico, pensado hasta el detalle y, por tanto, con mayor carga de maldad por parte de la organización. Sin ir más lejos, convertir a los inanes Cazadores de la novela en personajes con entidad propia, superestrellas sacadas de algún videojuego, con su grupo de fans y todo me parece un acierto sensacional. De entender incluso mejor que King el material que había en la novela. Por cierto, aprovecho para reivindicar que vuelva ‘Gladiadores americanos’. Gracias.

Total: que la peli consigue doble premio. Por un lado el espectador conecta fácilmente una televisión tan manipuladora con un Gobierno cruel (por lo que ya está, misión cumplida) y, por otro lado, con esta peli consiguieron poner encima de la mesa reflexiones sobre la influencia de los medios que aún siguen vigentes. Lo que viene a ser marcarse un clásico. Vista tantos años después ‘Perseguido’ solo me flaquea en lo barato de su estética, con esos escenarios a oscuras y ese pijama de la muerte que me lleva Schwarzenegger. Aunque también nos mola por eso, por supuesto.

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‘Revival’: Stephen King, una y otra vez

Siempre he creído que Stephen King es mejor cuanto más se aleja de los elementos sobrenaturales. Lo cual es una putada, porque en las novelas de terror lo que rompe la rutina para que la historia merezca ser contada no suele ser de este mundo.

Fruto de la habilidad costumbrista del autor, los libros de King suelen ser preciosos microcosmos. O un cosmos hecho de varios micros, si tenemos en cuenta que la mayoría de novelas están interconectadas en diferentes niveles. Tienen también cierto halo de nostalgia, e incluso cuando el narrador mira atrás para hablar de un horror acontecido en el pasado, ese momento nos suele parecer más hermoso que el presente. Los niños, especialmente, son adorables como los de un cuadro de Goya. Mirad, por ejemplo, la cucada que nos parece el niño de ‘Cementerio de animales’ y cómo eso hace que todo lo que viene detrás funcione. En ‘El resplandor’ eso no pasa, porque Danny Torrance lleva dentro el elemento sobrenatural y, mira, si lo mata su padre, pues que lo mate, oye. Si combinamos niños y nostalgia histórica, nos encontramos con éxitos como ‘El cuerpo’ (la novela corta en la que basarían la película ‘Cuenta conmigo’) e ‘It’.

Unas cuantas reflexiones, con spoilers de ‘It’ (aunque ya me vale avisar, que la novela es del 86 y la serie del 90): ¿Nos hubiéramos tragado más de mil páginas de ‘It’ si la pandilla protagonista no fuera carismática? Imposible. ¿Es Pennywise un icono del terror? Supongo, aunque en eso gran parte de responsabilidad la tiene el enorme Tim Curry. ¿De verdad tienen que acabar todas esas páginas de épica peleando contra una puta araña? Pues me hace un poco escaso, la verdad. Las Entidades Cósmicas deberían poder plantar cara más dignamente a una panda de perdedores…

Claro que mi problema con los finales de King es, pues eso… mío. Viene dado, precisamente, por disfrutar tanto de la parte mundana de las novelas que cualquier cierre a la parte sobrenatural me parece, por agravio comparativo, torpe y mal desarrollado. ¿Que por qué digo esto? Porque ‘Revival’ usa, entre otros cebos publicitarios, el de que tiene el mejor final de una novela de King en años. Pues, mira, no. No para mí. Que no me quejo. Pero es que es un final normal. De King. El de las arañas y esas cosas.

Pero vaya, que soy un flojo cuando se trata de este hombre. Me leí el libro en una noche, del tirón. Y eso que no alimenta especialmente el pasar páginas. Apenas las cuatro referencias puntuales, en ese estilo tan King, como de pasada, que anticipan desenlaces por sorpresa. «Me despedí de ellos con la mano. Esa mano que me mordió un zombi en 1998 y que me tuvieron que amputar en el asiento trasero de un Cadillac del 68 mientras sonaba Eric Clapton en la radio».

‘Revival’ hace honor a su título arrancando en el Maine (cómo no) de 1962. Es, por tanto, el acostumbrado festival remember del autor. Además, con niño: un tal Jamie Morton, de seis años, que resulta bastante majo para el lector pero sobre todo para el nuevo joven reverendo del pueblo. Y, aunque lo acabo de escribir suene fatal, resulta que ambos personajes desarrollarán una relación muy bonita. Por lo menos al principio. Luego, cuando Jamie ya es adulto, su amistad se complica a medida que va ganando fuerza el factor sobrenatural.

También se va torciendo la novela, pero una de las características de ‘Revival’ es que es exageradamente larga en su desarrollo. Hasta la página 165 (de 413) no entramos en materia. Esto puede resultar un rollo para los que busquen mambo gore en una novela de King pero es una suerte para mí. Es imposible no sentirse integrado en la numerosa familia Morton, con sus cinco hijos, ni cogerle cariño a la vida en Harlow. Mientras el autor nos esconde la zanahoria y se dedica a confundirnos con una larga retahíla de páginas explicando la adolescencia de Jamie, su primer amor y sus inicios como guitarra, yo me lo trago todo encantado. Es una gozada volver a encontrar al King de siempre, con su estilo inconfundible, aunque como lector yo no tenga ni idea de dónde quiere ir.

Cierto es que hay varias pistas en el libro. Empezando por el homenaje de la primera página a figuras como Mary Shelley o H.P. Lovecraft (cita de este último incluida) y continuando por el encabezado de cada capítulo en el que se ofrece con tres frases crípticas un resumen de la trama. Hay ahí un tufo a novela de terror gótica que debería (ojo con el condicional) ponernos sobre aviso.

Si sirve como referencia, leyendo ‘Revival’ lloré muchísimo. No de miedo, claro. Pero en las reflexiones constantes sobre el paso del tiempo y nuestro camino en la vida hay escondidos varios icebergs que nos pueden dar duro por debajo de la línea de flotación. Por no mencionar otro recurso típico de King: el cariño que le coges a un personaje es directamente proporcional a lo puteado que termina.