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Acta est fabula

‘El perro del hortelano’: tribulaciones de una mujer Libra (Barcelona, Teatre Nacional de Catalunya)

A ver, esto de que Diana, la condesa de Belfor, es Libra me lo saco yo de la manga. Me tomo la licencia desde el petardismo que me caracteriza y la autoridad que me otorga mi amplia experiencia sufriendo la eterna indecision de los nativos de octubre.

También, un poco, para darle una dimensión humana a un personaje que de otro modo sería una perfecta hija de puta. En esto de no comer ni dejar comer hay un punto de sadismo bastante chungo que no se justifica si no es por alguna tara interna o algún elemento externo. En el contexto de la obra, está claro que es la diferencia de clase entre la condesa y su amado secretario el motor de tanta tensión. Pero en este frenético montaje de Helena Pimenta sobre la versión de Álvaro Tato hay tanta intensidad, es tan radical el balanceo entre el “no me importa el qué dirán” y el “mejor me caso con un marqués”, que solo puedes pensar que Diana es una loca perversa. O una Libra cuqui.

Claro que en ‘El perro del hortelano’ los personajes no son precisamente buenas personas. No hay un solo modelo de conducta. El mismo Teodoro es un trepa de manual sin escrúpulos, capaz de seguirle el ritmo a la loca de Diana. ¿Que me hace caso la condesa? Me caso y me hago conde. ¿Que no me hace caso? Me caso con la otra y mojo el churro. Aquí la banca nunca pierde. De hecho (spoiler) al final todo el mundo acaba contento, incluso los que se supone que tendrían que estar más puteados.

El público también, claro, que al final todo esto es comedia. Del siglo de oro y en verso, pero actualizada de un modo muy acertado. El texto suena a redondilla y soneto, al tiempo que el tono y el lenguaje corporal son muy contemporáneos. Del mismo modo, la puesta en escena tiene el esplendor de las enaguas y las pelucas barrocas pero también elementos modernos, como el uso expresionista de la iluminación e, incluso, un “amor ciego” en forma de maromo poderoso que va lanzando sus dardos por el escenario con pasos de baile de contemporáneo. Que vale que a lo mejor sale mucho, hasta en el cartel este intensito que se gastan en el TNC. Pero algún momento de respiro debe haber en las dos trepidantes horas de este montaje.

Esta versión de la Compañía Nacional de Teatro Clásico se pudo ver en Madrid el año pasado y está casi terminando su escala en Barcelona, en el Teatre Nacional de Catalunya. Queriendo decir con esto que 1) solvencia contrastada de directora y elenco entero del primero al ultimo, a ver si os vais a ir con el primer amateur que pase, y 2) más vale que os deis prisa si queréis verla por vosotros mismos.

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Box populi Noli me tangere

Netflix, tú antes molabas

Netflix es como ese enamoramiento perfecto que te deja hecho mierda cuando menos te lo esperas. De repente y sin previo aviso el amor de tu vida resulta ser tan vulgar y traicionero como aquel ex del que echas pestes.

Yo por Netflix dejé la delincuencia. Decidí dejar de descargar contenido ilegal porque ya no había excusas de «ay, que en esta cosa de pago no está la serie que quiero ver» o «uy, es que es muy complicado verlo en plan bien en la tele del salón». Y me da igual que me digáis que lo de los torrents es perfectamente legal. Ya nos entendemos. Si lo tienes en el mando de la tele, ¿qué necesidad hay de bajártelo y sincronizar subtítulos?

Durante nuestra luna de miel, Netflix me parecía casi sobrenatural. Precio, calidad del servicio, atención al cliente… todo era maravilloso. Demasiado. Y en esta poligamia galopante yo no era el único que se sentía así. Se iba forjando una leyenda universal. En cualquier parte del mundo, los friquis abandonados a su suerte por las cadenas generalistas se refugiaban en Netflix. ¿De dónde surgió esa fe ciega en que si tu serie de nicho favorita peligraba podía salvarse gracias al poder del streaming?

Visto ahora en perspectiva, resultó ser todo un engaño del marketing. «Dejad que los marginales se acerquen a mí», pensaba la aviesa Netflix. Como con las pelis de Marvel, pelotones de nerds allanaron el camino para el mainstream más ignorante. Con el tiempo, la plataforma empezó a producir contenido a lo loco, en plan maníaco. Cosas para empollones, sí, que no bastaba con un ‘Daredevil’ que necesitaron dar luz verde a cinco putas series del mismo universo de defensores callejeros. CINCO. Pero es que si no es por esta enajenación, no se explica cómo pensaron que era buena idea resucitar ‘Padres forzosos’ y darle dos temporadas a a una serie aberrante. Pero el objetivo era claro: hacer que hasta las señoras criogenizadas en los 90 y redivivas en el nuevo siglo podían apuntarse a Netflix, que seguro que lo gozarían.

Netflix era un lugar feliz. Si tenías Netflix, molabas. Eras parte de algo. Y cómo molaban sus Community Managers de cualquier región, con esas promos tan locas, tan de hablarte de tú a tú, de enfermito de la tele a enfermito de la tele. ¿Se puede estar enamorado de un «canal de tele»? Parece que sí. Otra vez. Si alguna vez te peleaste en el patio del cole con un imbécil que pensaba que molaba más Antena 3 que Telecinco sabes de lo que hablo. Y también sabrás del desengaño, de cuando empezaste a llamarlos Atresmedia y Mediaset.

Para mí ‘Sense8’ era el cénit del amor por Netflix. Del amor en Netflix. Los que dicen que la serie era mala están en otro nivel. Ni por arriba ni por abajo, simplemente estamos hablando de cosas diferentes. ‘Sense8’ era amor. Era inclusiva. Emocional. Autoconsciente. Conectada con el espectador. Y todo eso porque sí, solo porque había un lugar (Netflix) donde podía ser. Por mí ‘Sense8’ podía ser un bucle de escenas de los ocho haciendo cosas, que yo contento.

Ese lugar ya no existe. Sigue ahí, pero no es el mismo. El bofetón ha sido fuerte, pero así son los golpes del amor. Ni Netflix es perfecto ni se basa en el amor. Es un servicio de video en streaming que, por más enrollados que sean sus CM, no tiene por qué hacerte ningún favor.

Si Netflix se ha disparado en el pie cancelando ‘Sense8’ lo veremos en unos meses. Supongo que hoy habrá varios miles de cancelaciones de servicio. Rupturas pasionales. Pero por fuerte que sea el chasco, siempre terminamos olvidando. Y nos volvemos a enamorar. «Unos vienen, otros se van, la vida sigue igual», que cantaba aquel. «Y lo sabes».

 

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Acta est fabula

‘Ragazzo’: no t’atreveixis ni a tossir

Confesso que sóc un espectador tímid, dels que se sent còmode darrere de la quarta paret. Els espectacles teatrals m’agraden immensos, excessius, perquè com més gran és el que passa a escena, més petit i més llunyà puc ser jo. M’aterroritza la possibilitat que, algun día, un intèrpret hipermotivat em pugi a l’escenari i jo no tingui ni punyetera idea del que espera de mí.

Per aquest motiu, ja vaig posar el cul al seient una mica inquiet pel fet d’entrar a la sala pràcticament ensopegant amb el cos de l’Oriol Pla, únic actor de ‘Ragazzo’. El que poc m’imaginava és que justament d’això va l’obra: de penetrar en la comoditat del públic i fer que es regiri en el seu seient.

En aquesta intenció s’entrelliguen dramaturgia i interpretació d’una manera especial.

D’una banda, el text de la Lali Álvarez, qui també es directora del muntatge. ‘Ragazzo’ és un monòleg vibrant, que durant hora i mitja llargues dibuixa amb gran efectivitat un protagonista carismàtic i ens endinsa en el clima prebèl·lic de la reunió del G8 a Gènova, el 2001. És, per tant, un relat des de l’interior de l’activisme que, pel meu gust, funciona millor com menys activista es mostra. Hi ha moments en què les consignes i explicacions resulten redundants en un context de rendició absoluta de l’espectador i, en certa manera, desmereixen el clima general de l’obra.

Potser si l’intèrpret de l’obra no fos tan excepcional farien més servei. Però. ¡Però! És literalment increïble el prodigi físic de l’Oriol Pla a escena. Els seus esclats d’hiperactivitat t’arrosseguen al centre del camp de batalla. Cada passa i cada salt se saben coreografiats al mil·límetre i, just per això, es perceben súper naturals. Però també té moments de subtilesa que fan que, o bé t’acostis a ell en sentir la seva rialla, o et sentis descobert si se t’acut tossir o fer cruixir la teva butaca.

No ets sents segur, a la teva butaca del Teatre Lliure, durant ‘Ragazzo’. No hi ha quarta paret. Però bé. Molt bé. Aquí, es tracta d’això.

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Acta est fabula

‘Priscilla, reina del desierto’: el musical definitivo

Ya hace un par de años largos que ‘Priscilla, reina del desierto’ se estrenó en Madrid. Ahora anda de gira por España y yo me muero de ganas de irme con ellos y que no me dejen nunca.

Las canciones

El motivo más obvio para esta obsesión con ‘Priscilla’ es la parte musical. Aunque no es la que me hace sentir más orgulloso. Al final, somos seres vagos y débiles que vamos a lo seguro: es mucho más fácil ir a ver un musical del que conoces las canciones que arriesgarte a ver algo nuevo. Pero, en este caso concreto, a ver quién es el valiente que se resiste.

No estamos hablando de tragarte hora y media de gente en mallas para escuchar un ratito de ‘Memory’. En ‘Priscilla’ aparece hit tras hit de solvencia contrastada. En el peor de los casos, si no los has escuchado nunca antes, es imposible que no te arrastren con su poderío pop. En el caso más común, que es haberte comprado la entrada a ritmo de ‘I Will Survive’, la realidad supera cualquier expectativa y sólo tu propio sentido del ridículo te frena de participar como uno más en el show.

Vale, las canciones ya estaban en la película original. Pero, eh, aquí escribe uno que fue a ver ‘Sister Act, el musical’ todo emocionado y se llevó el chasco de su vida al ver que no había ni una sola canción de la peli.

La puesta en escena

Recuerdo la sensación de apabullamiento al ver la obra en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid. De sentir cómo me caía dentro del espectáculo casi literalmente porque hay momentos en los que pasan muchas cosas espectaculares al mismo tiempo en escena.

Algunas de ellas se abalanzan literalmente sobre el público, como las tres divas que descienden de los cielos a cada momento con sus portentosas voces. Luego está la maravilla de contar con un autobús en el escenario que, lejos de molestar en plan armatoste, permite un nivel de virguería impresionante: lo abren, lo cierran, lo giran, lo quitan, lo ponen…

Y, por supuesto, está la cuestión del maquillaje y vestuario, que es casi obsceno. Hay hasta modelos de salir a saludar, al final de la obra, cosa que me parece una locura fantástica y una sobrada de esas de ‘porque yo lo valgo’. Sublime.

Los personajes

‘Priscilla’ es una road movie (o como se llame el equivalente en teatro), por lo que la trama es lo de menos. Lo que importa es el viaje, sobre todo el emocional que hacen los personajes.

En ese sentido, el planteamiento es simple. Bernadette y Felicia son los polos opuestos en eterno conflicto. La vieja gloria que peleó por cada uno de sus derechos (ya no digamos por los privilegios) y la alocada joven que, aparentemente, se lo encontró todo hecho. En medio, Mitzi, necesario pivote sobre el que giran las otras dos y que brinda el contexto en el que las diferencias terminan siendo menos radicales de lo que parecían.

Si algo tan arquetípico funciona tan bien es, sobre todo, por el talento y el carisma de los actores. Algo que se puede decir de los tres protagonistas, claro está, pero que es extensible a todo el elenco. En ‘Priscilla’ hay lugar para todos: para enamorarte de las tres divas a la vez, descubrir actores revelación como Christian Escuredo y hasta para robaescenas a golpe de vagina como Etheria Chan.

Es un lugar feliz

‘Priscilla’ te arranca de la butaca y te envuelve en un espectáculo colorido lleno de gente estupenda. Desde el primer momento se establece una dinámica de buen rollo y diversión tan embriagadora que, cuando aparece el drama, requiere cierto esfuerzo cambiar la perspectiva.

Me pareció curioso que, en las dos ocasiones que he visto la obra, parte del público rompiera a reír en un par de momentos donde irrumpe la homofobia. Punto a favor del texto, que consigue detener la carcajada-porque-sí y gestionar el ritmo, haciendo que el público se replantee lo que está viendo y no caiga en una simple dinámica de guateque.

Incluso con los sustos y los inevitables tragos amargos, ‘Priscilla’ es de esas joyas que no quieres que acaben nunca. Que no te abandonen los personajes, que no se lleven la música, que no apaguen las luces.

¡Que se me lleven con ellos de gira!

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Ars gratia artis

‘Passengers’: violación cósmica

A veces es jodido que el trailer no te cuente la película, porque luego te llevas sustos morrocotudos. Como el que me llevé yo con ‘Passengers’. Yo iba dispuesto a ver una cosa edulcorada y cuqui, con Chris Pratt y Jennifer Lawrence en plan ‘Titanic’ a la inversa (primero chocan con el iceberg y luego se enamoran) y resulta que no. Que, bueno, que también, pero que la peli tiene alguna sorpresa, siendo la mayor de ellas una trama basada en un evento chungo. Chunguérrimo.

Por ello, pretendo enmendar la debilidad del trailer y explicar mejor de lo que va ‘Passengers’. Me preocupa menos que os comáis los spoilers que os llevéis un susto en la sala de cine.

Quiero pensar que aquí lo que ha habido es un problema de guión o un montaje accidentado. Un conflicto de intereses en encontrar un punto de equilibrio entre la ciencia ficción para friquis y el romanticismo para las masas. En general, la película me parece muy torpe profundizando en los puntos clave, incluso cuando pretende explicártelo del modo más obvio que se les ocurre.

Por un lado tenemos el conflicto del personaje de Chris Pratt. El tipo de planteamiento propio de un cuento de ciencia-ficción con tintes de terror. La versión ‘Star Trek’ de ‘El resplandor’, un poco. El problema, creo, es que la peli pasa de puntillas por esta situación. Con apenas un par de postizos capilares y unas escenas meramente estéticas pretenden que empaticemos a tope con el personaje y estemos dispuestos a comprar que llegue a los extremos que llega. Y no.

La solución al conflicto que encuentra el protagonista me parece incluso lícita si esa es justo la historia que pretenden contar. Lo que me sorprende es que, a estas alturas, no anticipen que optar por ese giro de los acontecimientos nos mete en el terreno de la violencia de género y la cultura de la violación. Me parece un error plantearla como una historia de amor entrañable y ligerita, donde además hacen trampas desviando el conflicto real hacia peligros del espacio exterior.

Una vez metidos hasta la cintura en el barro, nos encontramos con la evolución del personaje de Jennifer Lawrence. Aquí también creo que han errado el tiro. Hay un atisbo de aportar un argumento más o menos profundo, cuestionando si los planes de vida que nos montamos en nuestra cabeza merecen realmente nuestra devoción. Pero el modo de introducirlo es tan obvio y chapucero que pierde toda la fuerza. Gana, así, la idea de que lo mejor que te puede pasar es quedarte atrapada a solas con un chulazo como Chris Pratt por toda la eternidad. Tan guapo, tan apuesto, tan héroe. Una basura.

Por lo menos, la parte bonita lo es mucho. Chris Pratt y Jennifer Lawrence revientan cualquier medidor de adorabilidad y guapura y todo lo que los rodea es igual de radiante. Pero justo cuando llegan al cenit de su hermosura surge de nuevo la duda: ¿pretenden que la irresistible belleza de Pratt jugando a baloncesto en camiseta de tirantes sea por sí misma lo que necesitemos para olvidar?

Yo hubiera necesitado ver a un Chris Pratt más desquiciado al principio. Ver de verdad que despertar a Jennifer Lawrence era incluso preferible a su propia muerte. No justificarla en plan deus ex machina a toro pasado. Y hubiera querido verla a ella tomando alguna decisión. Por pequeñita que fuera. En un sentido u otro. Algo.

 

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Domini sui vocem

Mis canciones de 2016. Top 15.

Pues aquí estoy, un año más fiel a la cita conmigo mismo, dejando para mi posteridad la lista de las 15 canciones que más he escuchado, según mi perfil de Last.fm que, como está enlazado con Spotify y eso es el 90% de música que escucho, es un buen indicador de la banda sonora del recién terminado 2016.

15. ‘When I Grow Up (Dave Audé Audacious Radio)’ – The Pussycat Dolls

Empezamos con un tema de 2008, que ya me vale. De un grupo para olvidar, que también tiene tela. Pero es que no puedo resistirme a las remezclas de Dave Audé, que me parece un tipo que mejora cualquier cosa que toca. De esta en particular creo que ni he llegado a escuchar la versión original, pero ni falta que me hace.

14. ‘Universio’ – Las Bistecs
13. ‘Caminante’ – Las Bistecs

El descubrimiento del año, Las Bistecs asoman la cabeza en este top aun habiendo lanzado el disco en septiembre. Nada mal. En honor a la verdad, ‘Universio’ ganaría varias posiciones teniendo en cuenta que fue uno de los hits que alimentaron la leyenda por YouTube y provocaron el crowdfunding para grabar el disco.

Al final han acabado juntas una justa representación de las dos fases del tema elecrodisgusting: la del ‘jaja, qué graciosas’ del pre-disco y la del ‘hostia, esto mola en serio’ del post-disco. Que tampoco tengo tan claro que ‘Caminante’ sea tan post, pero yo me entiendo.

12. ‘Tutti Frutti’ – New Order

Supongo que New Order es de lo más confesable que aparece en esta lista, así que dejaré que el tema hable por mí. El vídeo no, que no lo había visto hasta que no lo he enlazado ahora y me parece un rollaco.

11. ‘Baloncesto’ – La Prohibida

Una de las dos únicas supervivientes en la lista respecto el año pasado. En 2015 terminó siendo la segunda canción que más escuché y en 2016 aguanta como una campeona.

10. ‘On The Regular’ – Shamir

Me da hasta apuro reconocer lo cutre que puedo ser a veces, pero si esta canción está aquí hoy y con esta intensidad es por puro fangirlismo con Las Bistecs. Que esta es la canción de su vídeo de la POPair de… agosto de 2015. Mira, yo que sé… Soy así (on the regular). Tomadme o dejadme.

09. ‘Something Good Can Work (The Twelves Remix)’ – Two Door Cinema Club

Se me ve el plumero máximo con los remixes. A este le cogí cariño en 2016 por ser la banda sonora de mi recuperación. Lo dejó así en plan misterioso, por si salvo algo de reputación entre mis lectores. Pero en 2016 me recuperé.

08. ‘Light it Up (feat. Nyla & Fuse ODG)’ – Major Lazer

No esperaba que este fuera el corte al que más le di del disco de Major Lazer, la verdad. Esta es la gracia de mirarme esta lista cada año, que descubro que le doy al play en un estado de enajenación mayor del que creo. Lo que sí puedo decir es que el antes y el después en mi apreciación de esta canción está el vídeo que os he enlazado. Esa orgía de texturas me tuvo loco durante muchos días. Si pudiera contar en esta lista las reproducciones de YouTube seguro que estaría alguna posición más arriba.

07. ‘I Want You To Know ft. Selena Gomez’ – Zedd

Esta también tiene que ver con mis primeros paseos al aire libre en 2016. No me negaréis que no invita al optimismo y a andar, en la medida de lo posible, despreocupadamente por la calle. Durante unas semanas a Spotify le salió del coño quitar la canción de su archivo (o a lo mejor fue Zedd o Selena o la madre que los parió a todos), así que desde aquí un saludito a quien fuera en Maxima FM que decidiera meterla en su recopilatorio y volverla a poner en línea.

06. ‘Come With Us (F9 Extended Disco Mix’ – Sophie Ellis-Bextor

Última remezcla de la lista y, por tanto, la más escuchada. Si viví el lanzamiento del último disco de mi Sophie con una absurda alegría, lo de esta versión ya véis que alcanzó niveles de obsesión. Pero es que me tiene loco (aún) cómo va construyendo y subiendo desde el principio. Me atrevo a decir que la mejor parte es la que va antes de la letra, que luego ya se asemeja más a la original. En cualquier caso, me parece una auténtica maravilla.

05. ‘Say Yay!’ – Barei

En el abanico de exaltación adolescente de 2016 incluí Eurovisión. No me suele pasar, la verdad, pero este año sentía que de verdad era EL AÑO. Por lo menos en lo que a la canción respecta, porque yo el baile de pies no lo vi en ningún momento. Después de esto yo ya soy un escéptico total. Si con esto nos comimos los mocos, ya no hay nada que hacer. Yay 🙁

03. ‘Sax’ – Fleur East
03. ‘The Other Boys’ – Nervo feat. Kylie Minogue, Jake Shears & Nile Rodgers

En el tercer lugar del podio tenemos empate.

Si en 2015 puntuaba alto el ‘Uptown Funk’ de Mark Ronson y Bruno Mars, el relevo natural tenía que ser, sí o sí, esta canción de Fleur. ¿LA canción de Fleur? Recuerdo vagamente que había alguna canción rescatable en el disco que le sacaron, pero vaya, esto huele a one hit wonder de lejos. Pero, que no lo digo como algo peorativo, eh… ¿quién ganó ‘X Factor’ el año de Fleur? ¿Eh? Pues eso. Viva ella.

Lo de las NERVO… No sé… No lo supero… Esta canción fue mi número uno en 2015 y en 2016 la seguí desgastando a unos niveles de psiquiatra. Hay semanas que a lo mejor me pensaba que ya valía, pero de repente por capricho de las listas aleatorias aparecía de nuevo y vuelta a empezar. A ver si en 2017 me canso de ella…

02. ‘Mi propio funeral’ – Georgina

Recordaré 2016 como el año en que, directamente, se me fue la cabeza y empecé a comportarme al volante como un desquiciado. ‘Mi propio funeral’ está aquí de tanto cantarla en bucle por la C31, a pleno pulmón y con cero complejos. Los mismos que tengo ahora para reconocer que sí, que a tope yo con esta canción. ¿Qué pasa?

01. ‘Geometría Polisentimental’ – Fangoria

Karma is a bitch, que dicen. Me cito a mí mismo:

Por más carga metafórica que le quieran dar, no me veo impregnando mi alma en “un cuadrado, una esfera, una curva, una recta, un cilindro, una estrella, una línea en zig-zag”

O también:

De todos modos, no es nada que no se solucione con cuatro o cinco escuchas en bucle.

Pues toma ya. El bucle se me fue de las manos. La canción será como las Ruffles… pero es que yo soy un auténtico gordo de las patatas…

 

 

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Ita dicimus omnes

‘Scream Queens’: el loco desván de juguetes rotos de Ryan Murphy

‘Scream Queens’ es una serie Ryan-Murphy de manual: una idea poderosa, una primera temporada a la que le cuesta encontrar el tono y, a partir de ahí, la locura más delirante. La suerte, en este caso, es que la serie es lo suficientemente absurda como para que no se note el desatino. O para que no importe, mejor dicho. Eso sí, ya queda a la consideración de cada uno que merezca la pena tragarse capítulo tras capítulo por el chascarrillo ocasional o la siguiente burrada.

Tras el experimento de la primera temporada, ‘Scream Queens’ se reajusta un poco en la segunda, más consciente de sí misma, dejando caer todo personaje o trama con el mínimo atisbo de racionalidad. Supongo que Ryan Murphy puede permitirse aún este tipo de caprichos, porque por otro lado sigue produciendo series como ‘The People VS O. J. Simpson: American Crime Story’. Si no, de qué.

Lo más interesante de todo es, sin duda, que en estos proyectos tan punks encuentran refugio actores que han visto tiempos mejores. Ya sea actores con su carrera solucionada, que sólo quieren pasárselo bien ante las cámaras otra vez, o bien actores cuya trayectoria quizás no ha ido como se esperaba de ellos y pretenden reinventarse, reírse de sí mismos o pagar facturas. Sin ser ninguna de ellas excluyente de las otras.

Ya habíamos visto este tipo de travesuras en la temporada anterior, con Ariana Grande haciendo el papel de su vida o el chico este Jonas iniciando su carrera de quitarse la camiseta con la mínima excusa. Pero la lista de juguetes rotos con el que el pequeño Murphy pasa el rato en el desván no para de crecer:

Jamie Lee Curtis: La ‘scream queen’ por excelencia. Sin ella, esta serie no tendría sentido. Aunque su personaje es más ‘Un pez llamado Wanda’ o ‘Mentiras arriesgadas’. Pero es ella. Y está estupenda.

Emma Roberts: He perdido la cuenta de las veces que la he visto interpretando este mismo papel. Hasta que el éxito en el cine llame a la puerta, la chica se va fogueando en estas cosetas. No me canso de verla.

Abigail Breslin: Remember Little Miss Sunshine? This is her. Feel old yet? Me tiene ganado esta chica, abonada al género loco desde ‘Zombieland’.

Billie Lourd: Que no se diga que a la hija de Carrie Fisher sólo la sacan en las pelis nuevas de ‘Star Wars’. Su personaje en ‘Scream Queens’ y, sobre todo, su estudiada desidia son sensacionales.

Lea Michele: Revelación en Broadway, estrella de ‘Glee’, la nueva Barbra, viuda de América y parte de Canadá… no sé sabe muy bien qué es Lea Michele, pero es que parece que ni siquiera tenga un plan.

Taylor Lautner: El mozo lobo de la saga ‘Crepúsculo’. Siempre habrá alguien más joven e igual de cachas bajando la escalera detrás de ti. Quizás por eso, tras hacer un par de películas regulares, Taylor engordó y… el resto es historia. De perdidos al bollo.

John Stamos: Él nunca ha engordado (que yo sepa). Pero estamos ante un hombre que tuvo que prestarse a salir en ‘Madres forzosas’. Yo creo que lloró cuando le ofrecieron este papel.

Kirstie Alley: A veces se olvidan de que su personaje sigue en la serie, pero tiene una presencia amarga y malrollera deliciosa.

Estos serían los nombres principales. Pero en la categoría de ‘extras y caemos’ podemos seguir encontrando oro puro: Charisma Carpenter (por siempre Buffyverso), Colton Haynes (pensó que esto era mejor que ‘Arrow’, fíjate), Jerry O’Connell (actual marido de la ex esposa de John Stamos, ¡meta!) y hasta Amy Okuda (una que salía en una cosa llamada ‘The Guild’, pero es que eso ya es rascar mucho y tampoco vendría a cuento).

Esto es ‘Scream Queens’. Vienes por las risas. Te quedas… No sé muy bien por qué te quedas.

 

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Ita dicimus omnes

‘Westworld’: la nueva [rellene la línea de puntos]

‘Westworld’ es la nueva ‘Juego de Tronos’, igual que es la nueva muchas cosas más. Las referencias, paralelismos y deudas son múltiples y, al final, sólo es cuestión de tomarla (o dejarla) por el lado que más nos afecte.  Estos son los míos:

La nueva versión de un guión de Michael Crichton

Reducir a Crichton a un señor que escribía sobre humanos fallando estrepitosamente en lo de ser dioses es de un reduccionista que insulta. Lo jodido es que en este caso, funciona. No veo forma digna de sortear la contundencia de la comparación: ‘Westworld’ es como un ‘Parque Jurásico’ de robots. Pero sin niños. Ni chistes. Por si sirve de algo.

Por cierto, no sé de dónde sale lo de que ‘Westworld’ era una novela, pero no. Michael Crichton escribió una película, que dirigió él mismo.

Por cierto, que aún no asimilo que Michael Crichton muriera. Hace ya 8 añazos.

La nueva sensación geekomainstream

Lo que antes era de friquis ahora es de tu vecina la Carmen y sus amigas de la autoescuela. Los cómics, las historias de zombis, la fantasía épica… ‘Westworld’ llega en un momento en que el público está receptivo a las historias de ciencia ficción. No hace falta saberse las Leyes de la Robótica para disfrutar la serie ni comprender a qué se refieren con lo de «superar el test de Turing». Quizás el consuelo es que Asimov ha trascendido de forma que ya es parte del hilo con el que se tejen la historias.

La nueva serie del guionista de ‘Person of Interest’, los ‘Batman’ de Nolan y ‘Memento’

Que, por cierto, se llama Jonathan Nolan. Y, sí, es el hermano de. Aunque ‘Westworld’, de hecho, la han parido a medias con su esposa, Lisa Joy. A ella la sigo menos, pero si tengo algo así como un lector fiel ya sabrá lo que pienso de ‘Person of Interest’.

La nueva serie de J.J. Abrams

Aunque sea como productor ejecutivo. Pero está ahí. Me imagino a Jonathan Nolan y Lisa Joy tomándose un café en el Starbucks con Abrams (porque J.J. seguro que no tiene despacho) y diciéndole «bucles temporales» como quien conjura ‘wingardium leviosa’. Seguro que dio igual si lo dijeron bien o no, porque no hace falta mucho más para que Abrams te compre la idea.

La nueva ‘Perdidos’

Quiero pensar que han aprendido de sus errores y que en ‘Westworld’ están más moderados. Pero el planteamiento de misterios y claves visuales es constante. En ese sentido, en la experiencia de ver la serie resuena la de seguir ‘Perdidos’, enganchado a foros de discusión y comentando online capturas de pantalla aleatorias.

Sí, yo soy de los que ha destripado los títulos de crédito porque leyó nosedonde que ahí estaban todas las claves de la temporada.

La nueva serie de HBO

Como batiburrillo de todo lo anterior, ‘Westworld’ se sabe una serie de pata negra, llamada a llenar huecos. Quizás aún no existen esos huecos pero, oye mira, ya la tenemos aquí.

Por un lado, esto permite a la serie contar con un presupuesto generoso a la altura de los retos planteados y, con lo que sobra, pagar actores que pueden estar en sus horas bajas pero aportan el prestigio necesario. Creo que ni el hater más vociferante puede negar que ‘Westworld’ es bonita.

Pero por otro lado, esto de que la serie se haya construido consciente de lo que es, cual robot de parque temático, me vuelve loco. Que a mi lo meta me chifla y no atiendo a más razones. Si hay algo que me ha hecho aplaudir durante toda la temporada ha sido el juego de espejos que se ha ido desplegando tanto dentro de la narración como hacia fuera. Desde el hecho de que el compositor de la banda sonora haya sido Ramin Djawadi (aquí la referencia a ‘Juego de Tronos’ es obvia como una prostituta en un saloon) y la genialidad de versionar temas modernos en la pianola hasta escenas como la de la orgía (que más que erotismo desprendía metaficción a cada plano).

 

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Acta est fabula

Tres motivos para ver ‘Relato de un náufrago’ (Barcelona, Teatre Lliure)

Si estuviste atento en el cole cuando explicaban Gabriel García Márquez, ya sabrás todo lo que hay que saber sobre ‘Relato de un náufrago’. Seguramente se te hayan escapado perlas, como que en 1996 sirvió de inspiración para un videoclip de Isabel Pantoja (!!??), pero lo básico lo tienes cubierto. Puede que te interese la adaptación teatral del libro por su trasfondo político, el punto de inflexión que supuso en la vida del escritor o por la reflexión sobre la autoría en el arte.

Si, por el contrario, los libros de Gabo se te caían de las manos o tú eras más de la Rodoreda, hay tres razones morrocotudas para ir al Teatro Lliure (de Gràcia) a ver ‘Relato de un náufrago’:

La adaptación del texto

El libro de García Márquez se transforma en un monólogo teatral a dos voces: la del náufrago que vivió la experiencia de pasarse 10 días a la deriva en una balsa y la del autor que le dio forma literaria para contarla al gran público. Gran parte del interés de la obra está en ver cómo encajan estas dos perspectiva que, además, se complementan con ‘la versión oficial’ del régimen. Pero, sí, sigue siendo un monólogo. Si cuando digo que la adaptación (de Ignacio García May) es un motivo de peso para ir a ver la obra, es que lo es.

El trabajo actoral

Este monólogo bitonal no funcionaría sin unos actores en perfecta sintonía. El texto fluye de un lado a otro del espejo, va, vuelve… un personaje termina la frase del otro, se corrigen mutuamente, concluyen ideas al unísono. Ni la intensidad de la obra (hora y media del tirón) ni la rigidez en el texto son obstáculo para que la magia ocurra.

Emilio Gutiérrez Caba es el autor y Àngel Llàcer es el náufrago. Lo de Llàcer va más allá de la interpretación y se mete en el terreno de la coreografía, prácticamente. Es fascinante verlo clavar cada movimiento de forma inconsciente, inmerso en el texto. Ante semejante despliegue, el papel de Gutiérrez Caba es el de generoso compañero de escena que eleva el conjunto. Que no es poco.

La escenografía

A veces, por más explicaciones que se den, la evidencia termina gritándote a voces desde el escenario. El barco pirata de ‘Mar i Cel’. El autobús de ‘Priscilla’. La mesa-balsa de ‘Relato de un náufrago’. Dejar de citar a Jon Berrondo por sacarse de la manga el concepto más molón de los últimos tiempos sería un crimen. Podrías darles a los mismos actores el mismo texto, pero si les quitas la mesa ya no sería lo mismo.

Estas tres razones apuntan, claro está, a la dramaturgia de Marc Montserrat-Drukker. Nada en este juego de voces y ecos es casual, ni siquiera los momentos de metaficción más locos, como las citas al Donald Trump de las elecciones de 2016. La verdadera grandeza de todo esto es que, con semejante material y recursos, incluso parece fácil e inevitable que ‘Relato de un náufrago’ sea la gran obra que es.

 

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Domini sui vocem

Fuel Fandango: Aurora Fall Tour, Barcelona, 26 de noviembre de 2016

Qué barbaridad lo de Fuel Fandango esta noche en Barcelona. Ha sido uno de esos conciertos que ha empezado muy arriba y sólo ha ido a más, por lo que la sala Apolo se ha quedado pequeña. Muy pequeña. Desde la primera a la última fila, en los balcones y los pasillos laterales, todo el público botaba, cantaba y abrazaba la locura incluso antes de que terminara el segundo tema.

En directo, la mezcla imposible de estilos de Fuel Fandango resulta poderosísima. Yo ya no sé si podré volver a escuchar los discos igual, porque los arreglos para el concierto son droga pura. Todas las canciones de repente adquieren una dimensión nueva y vibrante, gracias al cariño en la mesa de sonido y el empaque de la batería. Un acierto incluirla además de las programaciones que lleva la banda. Carlos Sosa puede hacerme un hijo cuando tenga un rato.

Y, por supuesto, la clave también está en Nita. No importa que el sonido de hoy no haya hecho justicia a las voces. A Nita le sobra carisma para meterse al público en el bolsillo y moverse con soltura de los riffs funk a la tralla más bakala, con tiempo para el requiebro flamenco. Sus momentos de taconeo, en duelo directo con la batería han sido épicos. (Carlos, en serio, lo del niño… llámame).

Resulta curioso que hace apenas un mes Fuel Fandango ofreciera un concierto acústico en la sala Barts, apenas a 100 metros de donde actuaban hoy. Así de sólidas y versátiles son sus temas. Lo de la Apolo de esta noche ha sido una energía más propia de festival que de sala de conciertos. Incluso ha habido un fantástico interludio electrónico que me empuja a reivindicar un Fuel Fandango DJ Set. Si los Chemical Brothers pueden, Ale Acosta también. Es que, en serio, tienen hecho hasta el diseño de luces, que es una cosa que quita el sentido.

Pero centrándonos en lo de hoy, lo que tocaba era presentar formalmente el tercer disco de Fuel Fandango, ‘Aurora’. Sobre el eje de las nuevas canciones se ha estructurado la actuación, empezando con ‘El todo y la nada’ y cerrando, cómo no, con ‘Salvaje’. Pero ahí estaban temas inevitables, como ‘Always searching’, colándose en los bises hipervitaminada, o ‘Nature’, que ha sido un ejemplo magistral de locura de idas y venidas y hacer maravillas con una canción.

En fin, como decía, una barbaridad. Ahora sólo quede esconderme en algún lugar donde me puedan encontrar para la próxima.