‘Infàmia’: de vocaciones y otras intensidades

Eva Dolç es una profesora de interpretación despiadada. Tiene triturados a sus dos alumnos, que encajan los golpes como pueden. Ella, Sara, se aferra a estas lecciones en plan masoquista como su última oportunidad de conseguir un papel relevante en una obra de teatro, a sus 32 años. Para él, Aleix, todo es más relativo porque ya sale en una serie de la tele y, oye, hoy en día eso viene a ser el éxito. Cuando la tensión de este triángulo de personajes parece haber llegado a un punto de no retorno aparece Toni, un veterano actor de éxito capaz de hablarle a Eva de tú a tú y darle donde le duele.

Teatro dentro del teatro, ‘Infàmia’ pretende reflexionar sobre el oficio actoral. Si la cosa va de abrirse las carnes en cada función para transformarse en otra persona, ¿cuánto tiempo se puede aguantar tanta tormenta emocional? Si uno opta por distanciarse y desenvolverse en el escenario de forma mecánica, ¿representa un timo para el espectador? ¿Qué pasa cuando uno abandona su vocación poderosa a pesar del éxito? ¿Y cuando el éxito no llega a pesar del poder de la vocación? Por cierto, ¿qué es el éxito? Evidentemente, cada uno de los cuatro personajes aporta su punto de vista sobre estas cuestiones.

La obra también trata de forma explícita de la relación que los espectadores establecemos con lo que ocurre en escena. Por eso me permito decir, que sí, que muy bien, pero que ‘Infàmia’ puede trasladarse a existencias con menos glamour dramático. Todos nos cuestionamos, en mayor o menor grado, si lo que estamos haciendo en la vida nos llena completamente y hasta qué punto estamos dispuestos a abrimos a los demás y su tormenta emocional.

‘Infàmia’ está hecha por encargo y eso se nota. Incluso la sala donde se representa, La Villarroel, es el marco ideal para este juego meta: el escenario está situado entre dos gradas de butacas, de modo que los espectadores de primera fila están literalmente en escena. A su vez, el autor, Pere Riera, puso como condición que Emma Vilarasau protagonizara la obra. Ella está intensa, como no podía ser de otro modo. Dándole réplica, un Jordi Boixaderas que también parece tener un papel escrito a medida. Los dos representan los actores veteranos, cada uno con su concepto de la profesión y el peso de las decepciones a sus espaldas. En cuanto a los jóvenes, Anna Moliner está maravillosa en su trauma de querer vivir el Arte con mayúsculas a pesar de haber fallado al mundo y a sí misma por no haber triunfado antes de los 20 años, mientras que Francesc Ferrer desengrasa y ofrece contrapuntos de comedia con un personaje menos implicado en todos estos dramas de actores.

Aunque ya digo que cada espectador se verá reflejado a su modo en esta obra, es innegable que cuanto más espacio tengamos en nuestro corazón para las artes escénicas, más nos resonará esta ‘Infàmia’. La excusa argumental de que los personajes estén ensayando un ‘Hamlet’ ofrece innumerables momentos de fascinación, hasta llegar al intenso broche final del espectáculo.

‘Infàmia’ estará en cartel hasta el 28 de febrero en La Villarroel. Dura 1h 35′, no hay entreacto y se representa íntegramente en catalán del bueno.

2 comentarios sobre “‘Infàmia’: de vocaciones y otras intensidades

  • el 19/01/2016 a las 22:37
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    Precisamente esta tarde he visto un cartel anunciándola en un bus y pensaba… de qué irá esta infamia???
    Aclarado está 😉

    Respuesta
  • el 21/01/2016 a las 21:26
    Permalink

    Me ha encantado!! Escribes mejor de lo que imaginaba!!
    Que sepas que ya estás en mi barra de favoritos para leerte siempre.
    Besos amore mioooooo

    Respuesta

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