‘El perro del hortelano’: tribulaciones de una mujer Libra (Barcelona, Teatre Nacional de Catalunya)

A ver, esto de que Diana, la condesa de Belfor, es Libra me lo saco yo de la manga. Me tomo la licencia desde el petardismo que me caracteriza y la autoridad que me otorga mi amplia experiencia sufriendo la eterna indecision de los nativos de octubre.

También, un poco, para darle una dimensión humana a un personaje que de otro modo sería una perfecta hija de puta. En esto de no comer ni dejar comer hay un punto de sadismo bastante chungo que no se justifica si no es por alguna tara interna o algún elemento externo. En el contexto de la obra, está claro que es la diferencia de clase entre la condesa y su amado secretario el motor de tanta tensión. Pero en este frenético montaje de Helena Pimenta sobre la versión de Álvaro Tato hay tanta intensidad, es tan radical el balanceo entre el “no me importa el qué dirán” y el “mejor me caso con un marqués”, que solo puedes pensar que Diana es una loca perversa. O una Libra cuqui.

Claro que en ‘El perro del hortelano’ los personajes no son precisamente buenas personas. No hay un solo modelo de conducta. El mismo Teodoro es un trepa de manual sin escrúpulos, capaz de seguirle el ritmo a la loca de Diana. ¿Que me hace caso la condesa? Me caso y me hago conde. ¿Que no me hace caso? Me caso con la otra y mojo el churro. Aquí la banca nunca pierde. De hecho (spoiler) al final todo el mundo acaba contento, incluso los que se supone que tendrían que estar más puteados.

El público también, claro, que al final todo esto es comedia. Del siglo de oro y en verso, pero actualizada de un modo muy acertado. El texto suena a redondilla y soneto, al tiempo que el tono y el lenguaje corporal son muy contemporáneos. Del mismo modo, la puesta en escena tiene el esplendor de las enaguas y las pelucas barrocas pero también elementos modernos, como el uso expresionista de la iluminación e, incluso, un “amor ciego” en forma de maromo poderoso que va lanzando sus dardos por el escenario con pasos de baile de contemporáneo. Que vale que a lo mejor sale mucho, hasta en el cartel este intensito que se gastan en el TNC. Pero algún momento de respiro debe haber en las dos trepidantes horas de este montaje.

Esta versión de la Compañía Nacional de Teatro Clásico se pudo ver en Madrid el año pasado y está casi terminando su escala en Barcelona, en el Teatre Nacional de Catalunya. Queriendo decir con esto que 1) solvencia contrastada de directora y elenco entero del primero al ultimo, a ver si os vais a ir con el primer amateur que pase, y 2) más vale que os deis prisa si queréis verla por vosotros mismos.

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