‘El Ministerio del Tiempo’: yo me compré un Blu-ray de una serie española

Y no sólo eso, sino que ‘El Ministerio del Tiempo’ es la única serie de los últimos años que me ha hecho volver a estar pendiente de su día y hora de emisión. Abandonar los envíos en diferido del primo de Wisconsin para seguir una serie ‘en vivo’, fiel cada semana frente a la tele. Y no un canal cualquiera, sino La Primera. O La Uno de Televisión Española. O como diantres se llame ahora, que ha llegado a ser tan irrelevante para mí que ni sé nombrarla con propiedad.

Todo empezó en Internet. Supe de la serie días antes de su emisión. No recuerdo un hype exagerado, pero a nivel íntimo y personal me llamó poderosamente la atención el planteamiento mismo. ¿Una serie española sobre una patrulla de viajeros en el tiempo que arreglaba potenciales paradojas? Eso no me lo podía perder yo. Así que vi el primer capítulo. Al terminar, volví a Internet para contrastar si mis sentidos no me engañaban. Parecía que no. Entonces ya fui consciente del ruido. Conversaciones de espectadores emocionados que buscaban la confirmación de los demás, igual que yo. “Hemos visto lo que hemos visto, ¿verdad?”. Semanas más tarde, el miedo: parecía que las cifras de audiencia real no acompañaban. “Que no nos la quiten”, primero. “Que la renueven”, después. Yo me dejé arrastrar por toda esta corriente de amor y sufrimiento fan. Lo de comprarme el Blu-ray fue un símbolo. Los audímetros no me representaban. No me fiaba de los trending topic. Pretendía hablar directamente con no sé muy bien quién pero en un idioma que seguro que entenderían: el dinero. “Estoy dispuesto a pagar por esto. Dádmelo”.

¿Es tan buena ‘El Ministerio del Tiempo’? Pues no tanto. Es decir, es una buena serie, que recomendaría a cualquiera con los ojos cerrados, pero lo que de verdad merece las movilizaciones y los desvelos es que exista. Su nacimiento parece fruto de una carambola cósmica, por lo que contribuir a que se mantenga con vida es un deber emocional. Somos una generación de españoles educados de forma autodidacta con productos extranjeros. Poco a poco, a fuerza de descargas, hemos demostrado ser un público tan fiel como exigente. Capaces de no dormir para ver la final de ‘Perdidos’ en la tele de aquí al mismo tiempo que en Estados Unidos. Que llenamos nuestras horas siguiendo decenas de series a la vez, en plan cuántico, y, aún así, no soportamos la espera de una nueva temporada de ‘Juego de Tronos’ hasta el próximo abril. Es más, con la práctica hemos aprendido conceptos como ‘el demográfico‘ de las audiencias. Así que, si somos el objeto de deseo de los anunciantes porque somos los que aflojamos la pasta, nos merecemos que en las series españolas dejen de incluir abuelos y niños por aquello de reunir a toda la familia delante del televisor. Aquí estamos solos mi gato y yo.

‘El Ministerio del Tiempo’ es la primera serie en España en dialogar con su audiencia, sabiendo que entre su público hay experimentados consumidores de ficción que, por si fuera poco, son capaces de convivir con el espectador medio de la televisión pública. Supongo que esta serie no habría llegado de no haber existido otras como ‘Águila Roja’, que explora el terreno del género de aventuras, además de otras, como ‘Isabel’, que conectan con el sentido de la pertinencia de una serie histórica en un canal público. Pero sólo ‘El Ministerio del Tiempo’ fue capaz, en su primer capítulo, de plantear una escena tan enorme y de forma tan consciente. El momento es tan gratuito que mantenerlo ahí es una declaración de intenciones. Algo se desgarró en el tejido de la existencia de las series españolas cuando Rodolfo Sancho se reivindicó como el nuevo Curro Jiménez, saliendo de su ficción para entrar en otra, tirando de su genealogía real pero pretendiendo que todo formaba parte de la diégesis de su serie. Este agujero de gusano que conecta nuestra televisión con la de más allá es el que tenemos que luchar para mantener abierto a toda costa.

Lo malo es que la pervivencia de ‘El Ministerio del Tiempo’ se consigue, de momento, a costa de sacrificar posibilidades valiosas. Por ejemplo, ‘Los misterios de Laura’ cayó muerta por fuego amigo: no había presupuesto para mantener ambas series en Televisión Española. Como la de la detective era más difícil de reflotar, ‘El Ministerio’ se quedó agarrado a la tabla salvadora cual Rose DeWitt Bukater mientras ‘Laura’ se hundía en el oscuro océano de la cancelación definitiva. Eso sí, pronto veremos la versión americana de ‘Los misterios de Laura’, que para comprar las dos primeras temporadas, cosas veredes, sí hay dinero.

Hoy empieza la emisión de la segunda temporada de ‘El Ministerio del Tiempo’. Trece episodios en lugar de los ocho originales. Una mejora envenenada porque la amenaza persiste. Los creadores de la serie trabajan con presupuestos cuatro veces inferiores a los de producciones parecidas en otros países y eso no sólo desluce el acabado final sino que limita las tramas mismas. Pero, en fin, no seamos agoreros. Es hermoso ver cómo el diálogo entre serie y público continúa y en esta segunda temporada hay nuevos rincones para el amor: una especie de radionovela, un videoblog, un episodio “de realidad virtual interactivo” (sic) y recursos de guerrilla como grupo de Whatsapp oficial. Cualquier cosa vale con tal de mantener la llama viva.

Un comentario sobre “‘El Ministerio del Tiempo’: yo me compré un Blu-ray de una serie española

  • el 15/02/2016 a las 13:47
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    Con ganas de empezar esta noche la segunda temporada…

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