El bocadillo de lomo con queso COMO DIOS MANDA

Dios no descansó el séptimo día. No del todo, vaya. Antes de tumbarse a la bartola a ver la que había liado, creó su última obra: el bocadillo de lomo con queso. Ahí fue cuando vio que la cosa no podía alcanzar mayor perfección y optó por retirarse, no fuera que lo siguiente fuera un paso en falso. No como las divas del pop de ahora, que no tienen medida ni sentido del flop.

El problema vino luego, al dejar a la Humanidad al cargo del tinglado. De entre la interminable lista de cosas que los hijos de Adán y Eva hemos destruido figura, dolorosamente, el lomoqueso. ¡Qué difícil resulta encontrar un sitio donde te lo sirvan como Dios manda!

Por eso no puedo evitar mi labor evangelizadora e intentar enmendar la situación desde la modestia de este púlpito. ¿Que podría intentar corregir el cambio climático o prevenir que os masturbéis? Pues sí. Pero tamañas empresas exceden mis humildes habilidades para el sermón. Pienso globalmente pero actúo localmente: en el bar de la esquina de tu casa. ¡Al lío!

La magia del bocadillo de lomo con queso está en su simplicidad: lomo y queso. Lomoqueso. Puedes sofisticarlo todo lo que desees, que seguro estarán encantados de cobrarte un eurazo de más por cada chorrada que metas entre el pan. Cada mierda adicional que añadas es un paso más hacia el Maligno, así que si recorres esa senda hazlo con alegría y la batería del móvil cargadita, porque estarás solo. Yo no caminaré esa senda contigo. El lomoqueso es uno y trino.

A saber:

UNO: LOMO

No debes perder nunca de vista el hecho de que hablamos de un bocadillo. Las hamburguesas americanas esas que no te da de sí la mandíbula para morder ni que fueras una Visitante reptiliana representan todo lo malo que hay en el mundo. El bocata es algo mesurado, contenido entre dos cachos de pan. Por tanto, deja el mazacote de lomo para cuando te lo comas al plato. En un lomoqueso las piezas de carne deben ser finitas, mínimas.

Habrá quien piense que cascarte el cacho de cerdo en plan solomillo hace como más bocadillo generoso y menos mariconada de diseño. Error. Primero porque dos de cada tres veces te servirán la carne cruda por las prisas. Por otro lado, no te interesa el reborde grasiento de la loncha y mucho menos necesitas masticar cartílago para saber que el producto es genuino y animal. Al contrario, lo que quieres es que la carne se deshaga en tu boca, que sea apenas la presencia más sólida de todo el conjunto. El lomo es la piedra angular sobre la que se construye este templo. Pero si tienes que morderlo dos veces, cagada.

DOS: QUESO

Lo del queso da vértigo, lo sé. Hay tantas opciones que nunca sabes si acertarás. Pero ten siempre en cuenta estos dos mandamientos:

Tiene que estar rico. El queso aporta la gracia de este bocata. El bocadillo de lomo existe pero, ¿quién se acuerda de él? Esto se debe a que el queso posee los dos factores clave para que el desayuno nos sepa a gloria bendita: la grasa y la sal. Nadie se resiste a este combo.

Tiene que fundir. Pero fundir bien, que no es lo mismo que mucho. De nuevo, la mesura es clave. Piensa en que lomo y queso son dos amigos que se abrazan en el lecho. Uno, sólido, ofreciendo el amparo de un pechote ancho y peludo. El otro, con ese punto de desparrame cálido que genera la intimidad. Pero sin chorrear, que eso es una vulgaridad y te quedas ciego.

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Moraleja: usar queso tierno es de cobardes, usar queso curado es de brutos y usar lonchas de Tranchettes es como para arder eternamente en el infierno.

TRES: PAN

Se cometen muchas atrocidades en nombre del pan, cuando realmente hay que complicarse poco. Para el lomoqueso sirve cualquier baguette del día. Ni panes de agua, de llama, gallegos ni leches. La estupidez urbana de hoy en día impulsa a usar panes que prentenden tener solera y saber hacer, cuando resulta que las migas ultrafermentadas y las cortezas omnipresentes son lo peor que te puede pasar en un bocadillo. Pan con pan, comida de hipsters.

Volvemos al tema del volumen: no queremos un chusco de pan que nos desencaje la mandíbula. Pero, importante, queremos que tenga una corteza crujiente. Si os dan chapata tampoco pasa nada, pero las rebanadas de pan rústico (y no hablemos del pan de molde) no proceden para nada. Por otro lado, queremos que haya miga esponjosa, y no de esas que parecen de plástico, por una poderosa razón: hay que untarle tomate y echarle aceite. Repetid conmigo: untarle tomate. Si veis al señor del bar echando cucharadas de algo que saca de una cubeta infame llena de tomate triturado, podéis quemarle el local. La policía seguramente os meta entre rejas pero ya os digo yo que tenéis la venia del Señor y en el Juicio Final, que es el que importa, os choque esos cinco.

Por último, un factor clave. Hay poca gente que sepa hacer esto bien. Es más, a la mayoría de gente que sirve en bares les importa tres pitos. Pero el pan hay que servirlo caliente. No sirve de nada crear la comunión fundente perfecta entre el lomo y el queso si al masticar lo mezclas con un buen cacho de pan a temperatura ambiente.

Y eso es todo. Porque entraría a comentar cuánto deberían cobraros en el bar de turno por un buen lomoqueso. Pero si empiezo con este tema, ahí sí que se me llevan los demonios.

Podéis iros en paz.

 

 

Un comentario sobre “El bocadillo de lomo con queso COMO DIOS MANDA

  • el 17/01/2016 a las 22:08
    Permalink

    Muerte a los Tranchettes!!!!!!!!!!!

    Cuando sepas dónde sirven tu bocata lomoconqueso ideal… compártelo y no seas acaparador!!! 😉

    Respuesta

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