‘Black Mirror’: que sí, coño, que es ciencia ficción

A veces me temo que estar encerrado en esta Abadía atemporal me está volviendo un viejo cascarrabias, cuando no directamente un soberbio que arderá en el infierno. Pero es que hay momentos, como estos días que han pasado desde el estreno de la tercera temporada de ‘Black Mirror’, que hasta el círculo del infierno más jodido se me hace soportable comparado con un paseo por las redes sociales. Cada vez que leo un iluminado flipándolo tan fuerte me dan ganas de arrancarme el cilicio para liarme a latigazos. Ahora resulta que la ciencia ficción está muy bien. ¡Tócate los cojones!

Quiero pensar que aún no estoy ciego de ira. Para mí sigue prevaleciendo aquello de que a cada uno le gusta lo que le gusta y Dios en la de todos. Y que bendito sea el Internet por hacer virtualmente ilimitado el acceso a la información (jiji, “virtualmente”… jeje, qué chispa tengo). Lo que me enciende la sangre en plan caldero de Pepe Botero es lo que hace la gente con esa información. Que es, basicamente, NADA.

Sin ir más lejos, y sirva como ejemplo, el otro día estaba intentando poner a prueba mi odio paséandolo por un verdadero campo de minas de la inquina: los comentarios en Facebook a un post de Netflix sobre ‘Stranger Things’. No había dado ni dos pasos cuando… boom.  El caso es que había un muchachuelo muy audaz que decidió hacer uso de la libertad de expresión que le da la Constitución y la puta banda ancha para hacer lo que mejor se nos da: criticar al tuntún. Vino a iluminar al respetable con una observación agudísima. Un error detectado en el guión de la serie y que le restaba credibilidad al conjunto, como si las caras de Winona Ryder no fueran suficiente. El chaval decía que vaya tela que hablaran en la serie de ‘El hobbit’ y ‘El Señor de los Anillos’, estando ambientada en los años ochenta. ¡Ay!

¿Cuándo perdimos de vista a Tolkien y nos quedamos con Orlando Bloom? Es más, ¿por qué la chavalada de hoy no sabe quién es el bueno de J.R.R. pero en cambio se lee las sagas de Suzanne Collins y Stephenie Meyer? Supongo que es una cuestión de mercadotecnia, al fin y al cabo, y uso la expresión en castellano para compensar que a continuación haré referencia a algo que sólo sé decir en inglés: mainstream. De hecho sí se decirlo en llano castellano, pero es más faltón: borregada. Resumida por encima, mi teoría es que si quieres vender a cuanta más gente mejor tienes que bajar el listón a tope. Para no dejarte a nadie por el camino hay que hacerlo sencillito. En ese sentido, audaces escritoras que tienen cuenta de Instagram funcionan muy bien porque el público objetivo se siente tope identificado con ellas. Lo mismo aplica para los actores de buen ver que disparan la hormona cosa fina. En cambio, señores que llevan muertos un porrón de años resultan un concepto mucho más espeso.

Poco a poco, hemos ido acostumbrando a los lectores a que no tengan que romperse mucho la cabeza. ¿Que te gusta esto del ‘Sinsajo’? No te preocupes, que te vamos a hacer las películas y vamos a venderte mogollón de combos de libropeli con una etiqueta con la que puedas sentirte identicada: young adult. No es necesario que vayas por ahí investigando cuáles son las fuentes de estos libros que te gustan tanto ni que explores autores diferentes. Eres young adult y ya se sabe que tienes muchas cosas en la cabeza, como para ir hurgando en bibliografía. Hashtag young adult y tira millas, pequeña. Tenemos en la punta de nuestros dedos el acceso a centenares de wikis de variado pelaje, foros de discusión con expertos ávidos de compartir su conocimiento… pero nos la suda un poco todo.

Y me da rabia. Me jode tanta vanalización del conocimiento de un modo genérico. Pero, lo admito, también me revienta haber sido el raro del instituto durante tanto tiempo para que ahora mole lo que a mí molaba pero entonces no molaba que te molara. Por ahí no paso. No es que me hicieran bullying, claro, pero lo chungo que es crecer con la certeza de ser de los raritos es algo que solo sabemos quienes lo hemos vivido. Y el mainstream nos ha robado incluso eso y nos lo ha devuelto deformado y prostituido. Porque primero esto de ser el raro (que no tenía ni nombre) pasó a ser ‘friqui’ y cualquier gilipollas al que le gustaba algo era friqui. Había concursos para ver quien era friqui de cosas más friquis. Y cuando eso ya no bastaba entonces a lo friqui lo empezaron a llamar nerd y veías ‘The Big Bang Theory’ y ser nerd era lo más y de repente se podían hacer bromas sobre juegos de rol en la tele y todo el mundo se descojonaba. Hasta Nieves Herrero, en el sofá de su casa, muerta de risa con las ocurrencias de esos mozalbetes. Que anda que no dió por el culo la tía con el ‘asesino del rol’ y el tipo de la katana del ‘Final Fantasy’.

Así que ahora leo gente comentando que qué pasada ‘Black Mirror’ y aportan comentarios de calidad del tipo “es que hablan del futuro pero ya estamos ahí” y me dan los siete males, uno detrás de otro. No abundan argumentos en plan que los guiones son sólidos o el diseño de producción esté cuidadísimo. Ni que los actores y actrices estén sensacionales. O que el formato de antología de la serie le siente muy bien y le permita cubrir varios frentes. No. La mayoría de comentarios, incluso en críticas y reseñas en los medios, va en la línea de destacar cómo la serie reflexiona sobre la influencia de la tecnología en nuestra sociedad. Lo que viene siendo la definición de ciencia ficción de manual. Y yo me pongo de los nervios con tanta intensidad mal enfocada.

Será cuestión de asumir que, una vez muertos, los Philip K. Dick y Richard Matheson son referencias entrañables para nostálgicos. Los nuevos creadores son tipos como J.J. Abrams, por lo que cerramos el círculo y debemos asumir que ‘Star Wars’ es ya, definitivamente, ciencia ficción de la buena. Y luego ya series como la Charlie Brooker son ‘de pensar’, que junto a las ‘de reir’, ‘de llorar’ y ‘de miedo’ son los géneros preferidos por los niños y las niñas.

 

2 comentarios sobre “‘Black Mirror’: que sí, coño, que es ciencia ficción

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