Categorías
Noli me tangere

El anuncio de Aurgi con Mario Vaquerizo y la otra chica esa rubia

Hace un par de años recibimos con alborozo un anuncio de Aurgi protagonizado por Rebeca. Nuestra mejor amiga. La prima de Benicio del Toro. Este anuncio:

El caso es que, por muchas risas que nos pegáramos al respecto, la campaña era perfecta, tanto en planteamiento como en ejecución:

Tenía un mensaje claro y potente: «Vienes por el precio». Por si fuera poco, la letra del jingle abunda en el tema: «no quiero gastar», «no hay un precio igual». Y ya el remate es el truco del letrero del precio bien grandote: «este Bridgestone por 59 euros».

– Recuperaba a un icono generacional del público objetivo del anuncio. ¿Quiénes son los que irían a Aurgi por el precio? Con toda seguridad, los ahora treintañeros que, en su época, bailaban el «Duro de pelar» como si no hubiera un mañana. Los padres que los esperaban en casa son más de concesionarios oficiales.

Era autoconsciente. Rebeca se pone al servicio de la causa, destrozando el mayor hit de su carrera en beneficio de la marca. Además el anuncio tiene un lenguaje visual entrañable, con esos iconos que subtitulan el lenguaje corporal de su coreografía o el juego de ir apartando a la competencia para llegar a Aurgi.

Rebeca se erigía en la diva low cost perfecta para un taller de neumáticos baratos. Lo que «Misión Eurovisión» le quitaba, Aurgi se lo daba. Quizás no es mucho, pero menos tiene Leticia Sabater, por poner un ejemplo aleatorio.

Pero la felicidad no dura eternamente. En la nueva campaña de Aurgi nuestra Rebeca es reducida a ser «la Rebe» al lado de una diva máxima: Mario Vaquerizo.

El plan de dominación mundial de Mario, pues, avanza a toda mecha. Ya ha echado a perder a Fangoria y ha arruinado cualquier posibilidad de que Fabio McNamara tenga una biografía a la altura. A la espera de poder meter sus zarpas en Eurovisión, se entretiene quitándole lo poquito que le queda a Rebeca. Ten amigas para esto.

¿Por qué el nuevo anuncio de Aurgi es peor que antes?

Porque no se aclaran ni ellos. «Aquí y ahora Aurgi está de moda» es lo más memorable del anuncio (en cuanto a mensaje, claro, del trauma estético no hablamos). Que sí que el Bridgestone sigue costando 59 euros, dos años después. Pero… ¿quién se ha fijado en eso? Por otro lado, me fascina cómo Mario y «la Rebe» pronuncian «Aurgi» de un modo y la voz en off de otro.

Porque no se entiende la referencia. ¿Qué pinta Mario ahí? A lo mejor es que no reconozco si el jingle es la versión de algo, pero no entiendo la incorporación del personaje más allá de que sea Mario Vaquerizo. Por otro lado, «Aurgi está de moda», vale, pero… ¿Mario? O sea, una cosa es que el tipo esté en todas partes pero… ¿de moda? Si me apuras, tuvo su momento en lo que duró «Alaska y Mario». Todo lo demás es coñazo impuesto y ganas de figurar.

Porque es un desatino. Aquí es la marca (y «la Rebe») los que se ponen al servicio de Mario y no al revés. Además, es que la jerarquía está clarísima: Mario > la Rebe > un montón de gente. ¡»Un MONTÓN de GENTE»! ¿Habrá modo más despectivo de referirse a tu público objetivo? La ironía, además, es que de todo esta gente Mario es el único que sabemos a ciencia cierta que no tiene coche. Que lo hemos visto en la MTV.

Así que, enhorabuena, Mario. Has conseguido que te paguen un anuncio a mayor pompa y honra de tu figura. Estilizadísima figura, si me permites.

Categorías
Noli me tangere

¡Abajo la Esteban!

Belén Esteban es una supernova. En algún momento de los últimos 15 años fue estrella, pero fue acumulando tensión hasta pegar un petardazo mayúsculo, que de hecho produjo su periodo de esplendor más fulgurante. Hay expertos que sitúan el zambombazo en relación a alguna de sus peleas conyugales, ofrecidas por fascículos en el ‘Sálvame’ de modo recurrente. Otras escuelas sostienen que el punto de no retorno se produjo cuando accedió a remodelarse el careto a expensas de la cadena donde trabaja, justo a tiempo para dar las campanadas de fin de año (y de evitar que se le cayera la nariz en directo en una de esas tardes de meriendilla frente a las cámaras). En cualquier caso, todos coinciden que para cuando confesó su adicción a las drogas y, voilà, se curó, la Esteban ya llevaba tiempo destruidita. Lo que vemos es sólo una luz que viene reverberando desde del pasado.

Pero, queridos lectores, parece que el brillo de la Esteban toca a su fin. Al fin nos hemos dado cuenta de que a la chica no la adornan muchas virtudes. Pero, ojo cuidao. Tampoco caigamos ahora en juicios precipitados. El reprobable comportamiento de la Esteban en la gala de ‘Gran Hermano VIP’ del jueves pasado puede que haya sido un mero parpadeo en el esplendor de la estrella y no su ocaso eterno. Al fin y al cabo, el comportamiento de la Princesa del Pueblo en las 24 horas de ‘Gran Hermano VIP’ no difiere mucho de lo que ha mostrado todos estos años en las 4 horas diarias de ‘Sálvame’: es inculta, ordinaria, egocéntrica, nada respetuosa con sus compañeros y, sí, hasta la hemos visto comer con la boca abierta.

Llegados a este punto, para poner las cosas en contexto, no puedo más que recurrir al mantra que nos han estado vendiendo desde el primer ‘Gran Hermano Standard’: esto es… ¡¡un experimento sociológico!! Aunque también es verdad que dejaron de insistir con la tontería cuando la cosa empezó a oler demasiado, creo de verdad que esta edición VIP refleja nuestra realidad, así de la calle, del día a día, de un modo que resulta doloroso de ver. Por eso al ver a la Esteban desparramada en el sofá hablando con sus secuaces algo muy dentro de ti grita ‘¡BRUJA!’.

Si no me creen, repasemos:

Belén Esteban es la matona del patio de colegio. Es la chica esta que nadie sabe por qué es popular pero que está claro que es chunga de la hostia. Se rodea de niñatas sin personalidad, que le hacen de sicarias y criadas según convenga y que perpetúan el rol de la líder por su propia estupidez y una buena dosis de miedo.

Belén Esteban es la vecina criticona. Una mujer que lanza su artillería sobre Coman porque se para a mirarse desnudo ante el espejo del cuarto de baño porque, dice, “le ve la polla toda España”, cuando ella tiene una colección de portadas de Interviú. O que le recrimina a Olvido ser mala madre, cuando es cuestión de pura cronología entender que la Esteban no siempre estaba al 100% durante la infancia de su propia hija (de hecho tenía picos que estaba al 300%).

Belén Esteban es la manipulación en los medios. Hubo una escena gloriosa en la que Olvido Hormigos estaba siendo entrevistada en la radio por Víctor Sandoval y la Princesa no le gustó lo que ahí se contaba. Rezumando poderío y despotismo, se va la Esteban para el teléfono, alza el auricular del Góndola rojo y espeta: “Echa a la invitada”. Y la echaron, claro. Que es lo que pasa día sí día también, tal cual, en los despachos de las teles públicas del país. Y algún que otro medio supuestamente privado, también.

Teniendo en cuenta lo anterior, llegamos al punto definitivo que echa por tierra cualquier teoría triunfalista sobre el fin de la Esteban:

Belén Esteban es el PP. Internet, especialmente Twitter, revienta de comentarios negativos, de trending topics con mala uva y se hacen virales memes que la ridiculizan. Todo el mundo tiene claro que la Esteban lo está haciendo de puta pena y que hay que pararle los pies. Igualito que lo que pasa con el Gobierno de este país. Eso sí, cuando toca votar, la militancia twittera se esfuma y al final prevalece el voto de las fans incondicionales, por engañadas que vivan. Y eso es lo que cuenta para mantenerla en su sitio. Crecidita, además.

Lo peor, queridos lectores, es que para que de verdad Belén Esteban caiga la única alternativa es que Kiko Rivera, aka Paquirrín, sea Podemos. Una perspectiva que da un terror lovecraftiano que te pasas.

¡Ay!

Categorías
Ars gratia artis

‘Big Hero 6’

Hay un momento en ‘Big Hero 6’ en que el protagonista, Hiro, abraza a Baymax, un robot inflable cubierto de vinilo. Como es una escena muy emotiva, detrás de ellos hay una ventana por la que se cuelan los primeros rayos de sol para enfatizar que es el amanecer de un nuevo día y que todo vuelve a empezar y blabla. Todo lo que el momento tiene de cursi lo tiene de espectacular en la parte visual. El efecto de la luz en el cuerpo translúcido de Baymax es una auténtica virguería y, si el plano termina emocionándote como espectador es, en gran parte, por la perfección estética del momento.

Lo de esta escena es una constante durante toda la película. ‘Big Hero 6’ es una historia convencional envuelta por un deslumbrante apartado técnico. Lo cual provocará reacciones no menos predecibles en el público: mientras que los de arte y ensayo dirán que vaya mierdón, aquellos que nos pasaríamos horas observando el efecto de la luz en la armadura de Baymax pensamos que esta película es una puta locura. Una sobrada. Es, como dije en su momento, Disney sacándose la chorra y dando pollazos encima de la mesa.

Si ‘Big Hero 6’ no rompe la barrera de lo correcto desde el punto de vista argumental es, creo yo, porque llega tarde incluso para los niños menos expuestos a esta posmodernidad hambrienta de hoy en día. ‘Guardianes de la galaxia’ es un ejemplo muy reciente, casi simultáneo, de grupo de losers que se transforma en héroes de manera inesperada y, además, desarrolla una complicidad con el espectador que ‘Big Hero 6’ no consigue. Por otro lado, el innegable carisma de Baymax y su lado cuqui palidecen al lado del poder achuchable de un Totoro. Incluso elementos que resultan encomiables por introducir elementos de madurez en la historia, como el proceso de duelo por el que pasa el protagonista, redundan en clásicos inmortales como ‘El rey león’. Aunque no molesta para disfrutar de la película, hay una sensación de déjà vu constante, que solo rompe, como digo, el espectacular apartado técnico y artístico.

Pelo gana a vinilo
Pelo gana a vinilo

Sinceramente, desconocía por completo el cómic en el que se basa la película. Tampoco hace falta ser fan para asumir que lo que vemos en pantalla ha sufrido un proceso de disneyización, con sus valores clásicos y mensajes moralizantes. Pero, vaya, que si alguien quiere que lo traten como a un ser atormentado puede irse a DC, saliendo a mano derecha, y ponerse los Batmanses de Christopher Nolan uno detrás de otro hasta querer arrancarse la cara como el Joker. Lo que hacen las personas adultas, vaya. Por algo Disney compró Marvel y no esas franquicias de héroes taciturnos y filosóficos pero que visten como drags igual que las demás.

Por mi parte yo compro ‘Big Hero 6’ y las secuelas que vengan, mientras mantengan este nivel de poderío visual y este ambiente de ‘happy place’ en el que pasar un buen rato.

Categorías
Domini sui vocem

Mis canciones de 2014. Top 15

Me dispongo a abrazar con entusiasmo los rituales de fin de año, así que he elaborado una lista. Como no tengo criterio musical, las cosas como son, os ofrezco el top 15 de mis scrobblings de Last.fm durante los últimos 12 meses. Esto es, las canciones más escuchadas en mi cuenta de Spotify y mi iTunes. En Winamp también serviría pero, eh, hablamos de 2014.

Dad por sentado que si han sido las 15 canciones que más he escuchado este año es que me gustan. También hay implícito un valor sentimental, en tanto que son la banda sonora de un año muy especial para mí. ¿Qué es un blog personal sino pornografía emocional?

Así que, sin más, empezamos.

15. ‘Bad (feat. Vassy)’ – David Guetta

En una lista ridículamente mainstream como la mía no podía faltar un Guetta, un Avicii o un Calvin Harris, así que cumplimos el trámite rapidito para dar más emoción luego. Si ha sido este tema y no otro el que se ha colado en el top es por el impacto que tuve durante la “actuación” de Guetta en el Barcelona Beach Festival en julio. Soy joven e impresionable. ¿Qué pasa?

13. ‘Only Love Can Hurt Like This’ – Paloma Feith
13. ‘Move In The Right Direction’ – Gossip

Me encanta que hayan empatado estas dos (que ya es casualidad que hayan clavado el número de escuchas) porque son la cara y la cruz de mis estados de ánimo de este año.

El drama de Paloma es ideal para torturarte en esas tardes tontas de echar de menos a alguien. Las locas emo de verdad nos ponemos el tema en repeat y acabamos haciendo coreografías alla Kylie en la cama, estirando el bracito así lánguidamente ocupando el espacio vacío en el colchón y mirando al infinito en plan intenso y la boquito entreabierta.

Pero, insisto, por obsesivo que pueda llegar a ser el bucle se equilibra con el tema buen rollero de los Gossip. Si tuviera que elegir un himno para este 2014, sería este.

12. ‘Take Control’ – DJ Bobo & Mike Candys

Absurdo tema para incluir en un top anual, pero me siento orgulloso de que aparezca. No en vano suele ser la canción con la que inicio mis sesiones de trote callejero. Cada conteo en Last.fm han sido mínimo 5km de dolores musculares y ahogos. Ah, y superación personal, claro que sí.

11. ‘My Love Is Pink’ – Sugababes

Aquí ya no sé muy bien lo que ha pasado. No soy muy consciente de haber tenido un revival de las Sugarperras precataclismo este año, así que solo me queda abrazar el hecho de que mi amor por ellas es de largo recorrido y ha sobrevivido a obsesiones que parecían insuperables, como mi historia con las Girls Aloud.

10. ‘Sentir’ – La Pelopony

Yo cuando me entrego voy a tope. Y durante el rato que me duró el tema Pelopony confieso que lo di todo. Lástima que el verano se alargara este año hasta octubre, porque ahora ni siquiera puedo decir que fue un amor estival. De todos modos, inaugura el top 10, que no está nada mal.

09. ‘Denial’ – Sugababes

¿Veis lo que digo de las Sugababes? No uno, sino dos temas en el top. Claro que los tengo juntos en mi lista de reproducción de cabecera y uno no podía caer muy lejos del otro. Si este ha acabado un poco más arriba en la clasificación es porque es un TEMARRACO para ir andando por la calle.

08. ‘These Days’ – Take That

Y este es un temazo para ir BAILANDO por la calle. Desde que vi la actuación de Take That en ‘X Factor’ apenas hay vez que vea el cielo que no esté sonando esto. Si consideramos que el programa fue el 23 de noviembre y a la canción le ha dado tiempo a escalar hasta el octavo puesto, os podéis hacer una idea de lo intensivamente que he estado haciendo la mamarracha estas últimas semanas en mis desplazamientos diarios. Pero es que la coreografía del pasito p’adelante, pasito p’atrás, media vuelta y a empezar es perfecta para cuando estás parado en el semáforo o esperando a la guagua. ¡Probadlo!

07. ‘This Is How We Do’ – Katy Perry

Quizás la mayor sorpresa de la lista es esta. La canción realmente es meh y no soy consciente de haberle dado con tantas ganas. Recuerdo que me impactó lo de Mariah Carey-oke en el videoclip y soy consciente de haber hecho lip synch varias veces con las partes habladas de la canción (‘Waaat? Wait! No, no, no, no… Bring the beat back!’). Pero… ¿tantas?

06. ‘Counting Stars’ – OneRepublic

2014 lo recordaré como el año en que me caí por las escaleras. Las escaleras me llevaron al sofá. El sofá me llevo a ‘Glee’ (¡sapristi!) y ‘Glee’ me llevó a esta canción que me acompañó en mis desquicies de madrugada, con los biorritmos alterados y unas ganas locas de poderme mover de una vez.

05. ‘Move’ – Little Mix

Una de las canciones que está aquí por constante y no a causa de uno de mis bucles. Funciona para todo: desde salir a correr hasta hacer los deberes, pasando por fregar los platos e ir a comprar el pan. La puedes cantar, ponerla de fondo, hacerte la chunga de barrio haciendo playback… ¡Es una maravilla!

04. ‘Walking On Air’ – Katy Perry

Yo era muy fan de Katy hasta que me dio fatiga tanto número 1 y tanto disfraz de niña mona. Así que ‘Prism’ me daba un poco igual como disco. Pero un día me lo puse en la oficina para amenizar mis anodinos progresos sobre el teclado y, justo cuando estaba en perfecta alienación borreguil, saltó este temazo al rescate. ¿Por qué nadie me había avisado de semejante joya? Otra que ha escalado a base de repeat.

03. ‘New Life’ – Fuel Fandango

Este tema lo tengo en la misma lista de reproducción que el de Paloma Feith. Ambos tienen letras paranormalmente ajustadas a mi realidad y expresan mis sentimientos en cada frase (que es lo que pensamos todas las adolescentes de las canciones de nuestros ídolos, ¡tía!). Pero ahí donde Paloma se desangra y ya, ahí te apañes, los Fuel Fandango ofrecen una solución maravillosa: “me esconderé en ningún lugar / donde yo sé que tú me puedes encontrar”. Y, por eso, la porción emo de mi podio es para ellos.

02. ‘Do It Again’ – Röyksopp & Robyn

Sé que este es el indiscutible número 1 porque lo de esta canción es tan guay que ha llegado donde no llega Last.fm: al reproductor de CD de mi coche. Y no sólo eso, sino que este EP, único formato físico del año, ha adquirido dimensiones místicas. No se me ocurre objeto que desate mejores recuerdos de lo que ha sido este año. Me han pasado muchas cosas buenas desde el Sonar y en casi todas sonaba esto de fondo.

01. ‘Paper Heart’ – Chlöe Howl

Pero como aquí lo que cuenta es el scrobbling de Last.fm, el primer puesto es para Chlöe Howl, una muchacha muy mal asesorada en su carrera que, mira, me alegro que tenga un puesto destacado aunque sea en algo tan modesto como este top. Aún no ha sacado un disco ni se le espera. Pero me extraña que sus otros dos singles, ‘Rumour’ y ‘No Strings’, no aparezcan en la lista porque son otras dos maravillas para las locas poperas de hoy.

“And the trouble with no strings is you can only fall”.

 

Categorías
Acta est fabula

‘Montenegro’

Asistir a una representación de ‘Montenegro’ requirió cierto trabajo de investigación previo. A mi edad ya se me atragantan las propuestas que van de modernas, por muy avaladas que vengan por grandes nombres. Desde que vi en el mismísimo Liceu de Barcelona a un Don Giovanni ponerse a jugar con muñecas vestidas de hawaiana justo antes de que se lo lleven los demoños (perdón por el spoiler) ya no me fío un pelo.

En este caso concreto, además, la amenaza del factor moderni era realmente patente, teniendo en cuenta que la esencia misma del espectáculo era refundir en una sola representación tres obras de Valle-Inclán, las conocidas como ‘Comedias bárbaras’. La excusa perfecta para que el dramaturgo de turno sometiera el material original a su capricho creativo. No contribuyó a mi tranquilidad el hecho de leer que Valle-Inclán poco menos que consideraba sus obras como impracticables, en el sentido que las acotaciones y necesidades de la puesta en escena se excedían más allá de las limitaciones del teatro. Por lo que desde su concepción nos encontramos con textos pensados para ser leídos y no representados. Hemos cantado línea, vamos para bingo.

Mis temores se disiparon al poco rato de empezar la función. Las excentricidades se reducían a aspectos formales de la puesta en escena, con soluciones a problemas concretos como por ejemplo el mogollón que se te forma para poner en el escenario un caballo, seguido de un barco, seguido de dos caballos más, un par de perros y un rebaño entero de ganado. En ese sentido, me pareció muy acertado y plásticamente bien resuelto que fueran los actores mismos quienes se cosificaran en los elementos de atrezo necesarios en cada momento. Decididamente la escenografía era uno de los puntos fuertes del espectáculo, con destacables trabajos de iluminación y, sobre todo, vestuario.

MONTENEGRO8-web
Foto: Valentín Álvarez

En cuanto al argumento, no sé si por condicionamiento previo, quise ver ciertas lagunas e inconsistencias causadas por los obligados recortes en las tres obras originales para embutirlas en una de sola, por más que ésta dure dos horas largas. No es ya que haya personajes que queden solamente apuntados o reducidos al arquetipo, sino que hay tramas enteras que desaparecen con ellos en el momento en que dejan de ser necesarios.

En ‘Montenegro’ se apuesta todo a la conexión emocional con el espectador. Prácticamente la obra se siente, más que se ve. Los personajes gritan, gritan todo el rato, dejándose llevar por pasiones viscerales. Se pegan, se follan, se disparan y se violan mientras nos cuentan la historia de los Montenegro, una familia donde el patriarca es un cabrón que aún conserva cierta caballerosidad de los viejos tiempos pero los hijos son genuinamente perversos y egoístas. Así que el nuevo orden de las cosas se impone de un modo convulso y violento en el que, si por si acaso el espectador se sintiera a salvo con tanto estruendo, incluso te aparecen actores de la nada por el patio de butacas llorando a lágrima viva o enarbolando incensarios.

Para mí éste es el gran acierto de esta obra. Más allá del audaz ejercicio de estilo, que para quienes desconocemos las fuentes resulta menos valorable, el éxito radica en una puesta en escena impecable que hipnotiza y un magnífico trabajo actoral.

MONTENEGRO12-web
Foto: Valentín Álvarez

Con todo, esta intensidad es difícil de mantener en una representación tan larga. Desde la audacia que otorga la ignorancia, puesto que no conozco los textos originales, me parece que el trabajo de adaptación de Ernesto Caballero podría haber ido un poco más allá y haber llevado al extremo su propia interpretación. Curiosa ironía la mía, de acercarme con cautela a la versión para acabar pidiendo más. Pero es que en este relato desarbolado de sus tramas secundarias y matices el protagonista se erige en el representante abstracto de los últimos coletazos del feudalismo. Lo cual conlleva que, sabiendo cómo acabará la cosa, el trayecto se antoje poco interesante por sí mismo.

Por otro lado, hay dos elementos que abaratan considerablemente el montaje. Uno es el hecho de que los actores principales usen micrófonos, lo cual me parece una ordinariez. Y una chapuza, si tenemos en cuenta que los quienes no lo llevan apenas se oyen en comparación. Es algo que no me esperaba de un Centro Dramático Nacional y un Premio Nacional de Teatro. El otro elemento es la omnipresente música, que subraya el dramatismo de las escenas de un modo tan abusivo y ajeno a la diégesis que resulta anticlimático.

Categorías
Ita dicimus omnes

Al final… ¿de qué iba ‘True Blood’?

Cuando Alan Ball anunció que su siguiente proyecto sería ‘True Blood’ hubo una perturbación en la fuerza gafapasta. El guionista de ‘American Beauty’ y, ojo cuidao, creador de ‘Six Feet Under’ se ponía a adaptar para HBO una saga de novelas de esas que se leen con un dildo bien gordo a mano. Literatura aspiracional a tope, pensada para dar una vía de escape ligerita a amas de casa hartas de cocinar pollo frito a los desagradecidos de sus maridos.

Millones de mentes se pusieron a trabajar en plan colmena para reparar la grieta en el tejido de su realidad. El razonamiento colectivo venía a ser que Alan Ball, homosexual sin complejos, quería hablar desde su posición de influencia como creador refinado para ofrecer una metáfora sobre la lucha de la comunidad LGBT en el mundo actual. Lo que me hace pensar que somos carne de violación cósmica porque el poder combinado de nuestras mentes da justito para concluir la obviedad de que los vampiros sirven para contar parábolas sobre homosexuales. El día que vengan de verdad los insectores no tenemos ninguna posibilidad.

También es verdad que en esto tengo una perspectiva completamente sesgada, fruto de años inmersión queertural. Una rolliza matrona sureña, en cambio, no está para sutilezas en el discurso: lo que hacen los vampiros es chuparle la sangre a las mujeres. Rubias en camisón que luego se desinflan en sus camas con dosel. Si acaso, algo muy dentro de la señora de Alabama reconoce eso como una violación pero si Oprah no lo confirma tampoco es plan de aventurar teorías locas. Aunque más triste es lo de las hijas de estas señoras, palomillas desubicadas que suspiran románticamente por los huesos de vampiros que brillan bajo la luz del sol. Eso es estar confundida y lo demás, tonterías.

En cualquier caso, la primera temporada de ‘True Blood’ funcionaba como uno quería que funcionase. Sostenida sobre lugares tan comunes como ambiguos, su grandeza era justamente reunir frente a la tele a un variopinto grupo de espectadores. Desde el intelectualoide que sostenía que el final de ‘Six Feet Under’ es el mejor final jamás escrito para una serie hasta aquellos pertrechados ante la pantalla con su bote de lubricante.

En lo referente al colectivo gay no creo que hubiera especiales concesiones en esas primeras temporadas. La serie resulta sorprendentemente fiel a las novelas, que a su vez no ofrecen ninguna vuelta de tuerca a los estereotipos vampíricos. Lo más significativo, precisamente por ser una digresión respecto a los libros, es el hecho de que el personaje de Lafayette sobreviviera para exponer su homosexualidad extravagante ante el público mainstream, hecho que no sabremos nunca con certeza si fue una decisión de discurso autoral o fruto del carisma que Nelsan Ellis le dio al personaje. Aunque, ahora que lo pienso, viendo cómo evolucionó el síndrome de Diógenes al crear y conservar personajes inútiles en la serie creo que ninguna de las dos opciones es la correcta.

Lafayette

De hecho uno de los principales aciertos de ‘True Blood’ es la elección de los actores. Lo cual tiene especial mérito en un género como el dildo-housewive, pues estás lidiando con un público ultraexigente incapaz de ceder un pelo en sus expectativas. Decenas de descartes para interpretar al Grey de los cojones dan fe de ello. Así que me inclino ante Alexander Skarsgård (uy) por aceptar el reto y salir airoso. Y Anna Paquin es una Sookie maravillosa, completada con una impecable caracterización de paleta que luego, como todo, se fue perdiendo.

Porque todas las series, menos ‘Breaking Bad’, se van desinflando con el tiempo. Ya ni siquiera es una cuestión creativa, sino que hay mil factores empresariales involucrados. El simple hecho de no saber si te quedan 2 ó 20 capítulos para contar lo que tienes que contar tiene un impacto fundamental en el resultado final. Lo de ‘True Blood’, desde mi punto de vista, fue puro descontrol. Abrazaron el destete y la locura con tanta pasión que se perdieron en algún punto que no logro identificar. Pero para cuando acabó la cuarta temporada para mí la cosa había degenerado hasta el placer culpable. El hecho de que no supieran muy bien qué hacer con el personaje de Alcide, más que despelotar a Joe Manganiello a la que tenían ocasión, creo que encarna, y nunca mejor dicho, la deriva de la serie. En ese sentido la quinta temporada fue la decepción más grande. A pesar de que el ama de casa de Virginia que hay en mí se refociló con la incorporación de Chris Meloni, el argumento escaló a una conspiración internacional y espaciotemporal que no le hizo ningún bien a la mitología propia de la serie. Si ni siquiera eran capaces de sostener una coherencia en la narración, mucho menos estaba el horno para metáforas potentes de ningún tipo.

Para cuando Alan Ball dejó la serie quedaban pocos espectadores a los que las bolsas de plástico bailando al viento les dijeran algo. Pero, curiosamente, fue el momento en que ‘True Blood’ desarrolló de forma más explícita las analogías con los homosexuales. El tramo final fue descarado, con vampiros ‘Hep V positives’ y bodas al margen de la ley con alegato pro matrimonio igualitario incluido. Ya no había nadie para escuchar, sólo las fans más radicales de los abdominales de Eric y algún sufrido sensiblero incapaz de dejar de ver la serie y/o soltar el lubricante, pero da igual. Total, llegaron tan justitos y con los personajes tan destrozados que no importaba nada. De hecho ni siquiera sacaban culos ni tetas, de pura desidia.

Este es el giro que no comprendo. Cómo decidieron darle la espalda al fan service en el momento de terminar la serie. Y ya te puedes imaginar que vienen los spoilers.

A mí me la suda Sookie. En palabras de la literalmente inmortal Pam:

fucksookie
«Que la den»

Aun así, entiendo que su vida amorosa es la que importa. Que el común de espectadores lo que busca es resolver el triángulo amoroso que se planteó en un principio y que evolucionó para incorporar hombres lobo buenórrimos y olvidables vampihadas. Es más, el modo expeditivo y grosero en que desbrozaron la vida amorosa de Sookie parecía apuntar a la vuelta a lo básico: ¿Bill o Eric?

Pero no. No sé por qué, pero no. El final de ‘True Blood’ podría haber sido uno de esos episodios de cierre de manual: “la escena final de Sookie y Eric”, “la escena final de Lafayette”, “la escena final de Jason”, “la escena final de Arlene”… y así vayan y repitan conmigo hasta la escena final del final, en la que Sookie le da su sobada flor al chorbo definitivo para que se la riegue hasta el final de los tiempos. Pero no. De hecho algunas de las “últimas escenas” que apunto ni siquiera existen, lo cual es inexplicable.

Tenemos, sí, una con Jessica y Hoyt, recuperado in extremis como mínimo guiño a los fans. También sirve para meter con calzador el alegato más explícito a favor del matrimonio igualitario. Una vez cubierto el expediente del rollito LGTB, pues ya se ponen con Sookie y sus locuras. Bueno, más bien las de Bill. Y con Eric no se ponen porque, mira, da igual. Total, toda la última temporada cuenta como un spin off de Eric y Pam, que van a su puta bola. Claro que a lo mejor precisamente esto es la metáfora más conseguida sobre el mundo homosexual que haya conseguido ‘True Blood’…

En fin, el tema es que lo de Bill y Sookie es lo más anticlímax que recuerdo en años. A él siempre le han dado una pátina de torturado por su condición, en plan hombre casado que va de saunas, así que no sorprende su decisión final sino el modo de razonarla y ejecutarla. Y cuanto más intentaban razonarla y más la ponían en escena, más patético era todo. Lo de ella… bueno, tiene tela que después de siete temporadas y un montón de aventurillas, la tía termine recreándose en su palurdez. Que muy a favor de que no quiera renunciar a lo que la hace especial, pero lo que resulta el colmo es que tras tanta experiencia resuelva avanzar a paso firme por el camino de preñarse hasta las orejas y ponerse a cocinar para una multitud de gorrones en Acción de Gracias. El rollo de Sookie es un poco que ella no tiene en nada en contra de los vampiros, de hecho tiene muchos amigos vampiros, pero si le tiene que pegar un estacazo al amor de su vida no pasa nada. Una ducha y a trotar, que siempre hay un barbudo normal y súper estándar para un descosido.

A estas alturas debo admitir que sólo quedan los recuerdos entrañables. El halo de locura que tenía la serie. No volvería a sentarme a perder el tiempo ante la mayor parte de sus episodios por nada del mundo, pero tampoco me arrepiento de haber aguantado hasta el final. Incluso tengo ganas de retomar los libros, donde Alcide es un osito adorable y el morbo lo pone un hombre tigre de cabeza rapada que ningún guionista de televisión ha podido mancillar. Las ventajas de la lectura.

Categorías
Ars gratia artis

‘Los Guardianes de la Galaxia’

Mi relación con el llamado Universo Cinematográfico Marvel es de amor-odio. Yo, que soy de mutantes, aún no he superado que los X-Men se hayan quedado en el limbo por culpa de acuerdos comerciales entre compañías. Incluso me irrita el reinicio ortopédico que han hecho desde ‘First Class’, que parece sustentado principalmente por los pectorales de Hugh Jackman. Pero es que ver a dos Mercurios en paralelo, uno en ‘Días del futuro pasado’ y otro en ‘Los Vengadores 2’, me pone de mala leche. Sobre todo si el primero lo mola todo y el segundo es la cuarta hermana Olsen.

En fin, algún día rajaré a gusto de este tema, pero de momento vine a hablar de ‘Los Guardianes de la Galaxia’.

GuardiansOfTheGalaxy

En mi mutantecentrismo galopante, lo primero que pensé al conocer el proyecto de esta película fue que el protagonista era Corsario, el padre de Cíclope y Havok. Pero, claro, no me cuadraba mucho la cosa, teniendo en cuenta que ese grupo es bastante marginal y me extrañaba que invirtieran dinero en él. Pronto me di cuenta de mi error y resulta que no sólo me había equivocado de grupo sino que, además, resultaba que Marvel y sus amigos estaban más que encantados de apostar por una franquicia menor de su universo. Y viendo el pelotazo que ha sido ‘Los Guardianes de la Galaxia’ resulta que les ha salido bien. ¡Odiosos!

El eco del éxito de la película penetró incluso los gruesos muros de mi torre de indiferencia. La brecha: el hecho de que ‘Los Vengadores’ me pareciera una película tan buena que acabara por meterme en vena todas las pelis individuales de los héroes en plan retrospectiva. Se da el caso que, además, por ese boquete se ha llegado a colar entera ‘Agents of S.H.I.E.L.D.’, la serie, con lo que creo que ya es momento de aceptar la derrota. La Estrella de la Muerte tenía un agujero mínimo en comparación y mira cómo acabó.

Por otro lado, el hype es un elemento indispensable en este tipo de proyectos. Ya ni siquiera es que los estudios sepan cómo generar expectación años antes del estreno, sino que hay un público cautivo de este tipo de películas que prácticamente está deseando unirse al mogollón mediático. Cada gordito en el mundo es un brioso agente de propagación de la fiebre. Así, llegué a leer que ‘Los Guardianes de la Galaxia’ estaba al nivel de ‘Los Vengadores’. Que, atención, estamos ante la ‘Star Wars’ de esta generación. Y que hasta un mostrenco como Batista tenía verdadero talento interpretativo, incluso debajo de esa capa de maquillaje.

Con semejantes expectativas es normal que el resultado final me dejara un poco más indiferente de lo esperado. Como película, en plan formal, digo. Y a lo mejor es muy loca la teoría que voy a exponer, pero creo que el problema fue haber visto ‘Transformers 4: A Nadie Le Importa El Subtítulo’ días antes que ésta. Dejando al margen que ‘Transformers’ es el equivalente a los dementores de las películas de acción, resultó ser una bofetada de realidad en lo referente a la serielización de las franquicias actuales. Cuando vas a ver una peli de estas ya no puedes considerarla por separado sino que tienes que ponerla en su contexto. Son como series, pero en pantalla grande y con añazos de espera entre capítulo y capítulo.

Con ‘Los Guardianes de la Galaxia’ creo que pasa esto. No hay la presión de crear una historia redonda, sino de preparar al espectador para lo que está por venir en las secuelas, tanto en su propia saga como en la genérica de Marvel. Sí que recuerda un poco a las primeras ‘Star Wars’ en este sentido de proyectar la trama más allá de la película que nos ocupa. Y en lo de querer vender muñecos, que a lo mejor la peli no me ha molado tanto como para comprarme el disfraz de Gamora pero un Groot bailongo en su maceta es algo que siento que necesito con urgencia.

Como primer capítulo de una saga, ‘Los Guardianes de la Galaxia’ se concentra en desarrollar lo principal: el grupo de protagonistas. No existe ese recurso fácil, pero caro, de montar una precuela a todo color y en 3D para cada miembro del equipo, así que hay que trabajar rápido y bien para que el espectador entienda de dónde sale cada uno y hacia dónde va. El resultado no es que sea algo fino y elegante, pues hay alguna escena hecha a cuchillo, pero es lo que hay. Como espectador ya sabes que tienes que poner un poco de tu suspensión de incredulidad para aceptar como normales esos amores y esas reconciliaciones súbitas.

Para dar cabida a las dinámicas entre los cinco protagonistas lo que acaba sufriendo es el argumento. “Hay un señor muy malo que quiere un fistro muy poderoso para hacer pupa” es el boceto de la trama del 95% de argumentos de acción. Es que incluso sin salir del Universo Cinematográfico Marvel, resulta que [y esto yo no sé si un spoiler o no, que ya con estas cosas estoy por tirarme al suelo y acurrucarme en una esquina, porque no entiendo nada ya, pero yo aviso de que en un par de líneas diré cosas] el fistro de ‘Los guardianes de la galaxia’ es parte del Fistro Super Powerboost Edition Set que unifica los desvelos de todos los superhéroes que hemos visto hasta la fecha y da coherencia a esto del Universo Marvel. Vamos, que es parte de una colección de armas definitivas que incluye el Teseracto que anima el cotarro en ‘El Capitán América: La Uno’ y ‘Los Vengadores’ y el chisme (¿Éter, era?) que genera los líos en ‘Thor 2: Nunca Me Aprendo Las Coletillas’.

Tener toda esta visión de conjunto es un arma de doble filo. Por un lado me da la vida y es una traslación perfecta del sentimiento que hizo que me enamorara de los cómics de la Marvel. Esos argumentos locos que necesitaban abarcar varias colecciones en crossovers demenciales es que me tienen ganado. Pero por otro lado, como digo, al considerar las películas sueltas me quedo un poco vacío.

Por ejemplo [y vuelvo a los spoilers… o eso creo], en ‘Los guardianes de la galaxia’ hay como un malo en nómina, que es como muy anodino y nos interesa cero, y luego hay malillos que por unas causas u otras resultan más estimulantes, como el minion del malo, la hermana resentida de Gamora o el jefe de Star-Lord. Y cuando digo lo de las causas u otras estoy hablando al nivel de que las TEXTURAS del maquillaje son como para volverse loco y ya por eso el personaje lo mola todo. Pero en fin, el caso es que todos estos que digo NO IMPORTAN un comino, porque de repente hacen chas y te sacan a Thanos ahí todo contento en su asteroide y al rato hacen chas chas y aparece El Coleccionista ahí todo puesto con sus vitrinas y sus perretas. Y primero no lo entiendes y luego, con el tiempo y su poquito de navegar por Internet, vas conectando los puntos. Pero en la sala de cine te quedas así como oyendo la música sin pillar la letra.

¿Qué soy un puntilloso? Pues sí. ¿Que la peli es una pasada sin entrar en tanta mitología marveliana? Pues seguramente también. Como expresa el consenso de la red: es un muy buen entretenimiento. Porque está claro que tenemos todos estas vidas tan apasionantes y llenas de desafíos elevados que necesitamos un entretenimiento que esté a la altura en el ratito que encontramos entre que investigamos la cura contra el cáncer y el momento en que nos ponemos a resolver la situación macroeconómica del mundo. Yo es que lo siento, pero que la cani de turno diga, así en plan perdonavidas, que una peli así la entretiene me pone de los nervios. ¡Que luego resulta que lo único que hace en todo el día es esperar que la llamen del casting de ‘Hombres mujeres y viceversa’!
En fin, que me pierdo.

Que pese a que yo me quedara con ganas de más, en lo que hace referencia a la simple experiencia de verla, ‘Los guardianes de la galaxia’ mola. Funciona el carisma de los personajes y, por tanto, de los actores. Posiblemente sea al revés, realmente. Aunque yo la vi doblada y me perdí a Vin Diesel y Bradley Cooper. Pero Chris Pratt está estupendo (en toda la profundidad de la expresión), Zoe Saldana hace de Uhura ninja pintada de verde (esto es un sí) y Batista me hizo olvidar que era Batista, con lo que ha sido Batista en esta Abadía (esto es otro sí).

Me gusta que la película tenga este tono modesto. De no ponerse al nivel de ‘Los Vengadores’, que para mí no lo está, pero porque no hace falta y no porque no pueda. El toque camp de la banda sonora, integrada en la narración. El aire más infantil y no lo digo por el mapache con bazooka sino por recursos narrativos obvios como la escena en la que todos los protas se hacen amiguitos o el reprise del final de “dame la mano” (¿me ha quedado suficientemente críptico?).

Creo entender que el entusiasmo que despierta esta película y que hace compararla con sagas tan míticas como añoradas es justo un espíritu inclusivo que es tan raro de ver hoy en día. Es difícil resistirse a ser un simple espectador. Si esta peli me hubiera pillado con unos años menos ahora mismo estaría loco por ser un Star-Lord. Por comprarme los muñecos de todos los personajes y las miniaturas de las naves también, claro. Pero, sobre todo, ¡SER EL PUTO STAR-LORD!

starlord

Categorías
Ars gratia artis

‘Lucy’

Que las tetas de la Johansson no os impidan ver el bosque: ‘Lucy’ es una película de Luc Besson. Así que os merecéis todo lo malo que os pase si decidís verla por daros un homenaje de ciencia ficción. Yo entiendo que es difícil. Ahora con la Johansson uno ya no sabe bien a qué atenerse. Para bien o para mal todos la seguimos recordando en bragas en esa cosa gafapasta que es ‘Lost in translation’, que conecta con su breve etapa de musa de Woody Allen y el tema de actriz total de poner sólo la voz en ‘Her’. Pero, claro, por otro lado la chica ha encontrado el plan de pensiones de su vida al subirse al carro del Universo Cinemático Marvel, que sería un registro diferente.

Entonces, te ponen a Scarlett en el cartel de una peli que habla del porcentaje que usamos los humanos de nuestro cerebro y la evolución de las especies y blablá. Y sale así sin pistolas ni ultraceñida ni nada. Además ponen el nombre de Morgan Freeman, que vale que es otro actor al que le da igual ocho que ochenta e igual te dobla una película de Lego que te narra documentales de pingüinos y programas sobre el cosmos. ¿Qué pensar ante un cartel así?

LucyES

Por eso no hay que perder de vista la referencia fundamental, que es Luc Besson. Las pelis de este hombre van, básicamente, de gente que se persigue muy a loco en coche y va pegando tiros a destajo. Si puede ser a la vez, mejor. Yo diría que incluso en las peliculillas esas de los Minimoys debe haber alguna persecución en minicoche o algo así. Esas no las vi. En cambio sí vi ‘The transporter’, en la que Besson llenó páginas y páginas del guión que escribió con “EXTERIOR DÍA – PERSECUCIÓN EN COCHE”. Y luego, claro, ese mítico “INTERIOR GARAJE – JASON STATHAM PELEANDO REBOZADO EN ACEITE DE MOTOR”. Teniendo en cuenta que la franquicia quiere tener como seis películas y una serie de televisión, creo que queda claro que a Besson el tema de los coches y los tiros le da la vida. Literalmente.

Si ‘Lucy’ está cerca, en su concepto, de ‘The transporter’, entonces la Johansson es aquí más Viuda Negra que chica de la perla y Morganfreeman tiende más hacia su lado Iker Jiménez que al Carl Sagan. Y teniendo estos parámetros claros ya nos podemos lanzar al disfrute sin complejos y totalmente desbocado. Porque la peli es burra a más no poder y no se toma en serio a sí misma en ningún momento. Ese es el problema que yo le vi, porque me sentía algo perdido sin referencias ni explicaciones que me permitieran situarme y generar expectativas en la trama.

A grandes rasgos, la cosa va de que a la Scarlett le salen superpoderes y hay unos chinos, que luego resulta que hablan coreano, que la quieren matar. Pero no es como Jean Grey, por ejemplo, que sabemos que es telépata y por eso cuela que también desarrolle telequinesis y que luego cuando se hace una con una fuerza primigenia del Universo se convierte en Fénix y tú compras totalmente que sea capaz de volar por el espacio sideral y destruir mundos a golpe de melena. Todo eso tiene mucho sentido. Sobre todo si luego resulta que la Jean Grey real se había quedado atrapada en una cápsula en el fondo del mar durante todo ese tiempo y Fénix era un ser diferente. Así que por eso Jean Grey en realidad no puede volar por el espacio ni destruir universos, aunque siga teniendo un pelo estupendo (y un marido de mierda). Es lógico. Tú todo esto lo ves, lo palpas. Está ahí. Es como cuando Banshee vuela porque se pone a gritar muy fuerte. Claro que sí.

Los poderes de Lucy son totalmente impredecibles y escalan según convenga, por lo que tuve que renunciar a situarme en la trama y simplemente me dejé llevar. Por suerte, como digo, la película es muy autoconsciente y la puesta en escena de la evolución de los truquitrucos de Lucy está del todo volcada en el espectáculo. Después de ver cómo la prota interactúa con el mundo como si fuera su Samsung Galaxy ya estás preparado para tragarte el final sin un solo pestañeo. Y no me resisto a un spoiler mínimo, apenas apuntado, pero avisado porque ya sé cómo se las gasta el Internet, pero yo en ese final esperaba que en cualquier momento entrara un japonés por la puerta montado en una moto gritando “¡¡Tetsuo!!”. Así de petardo es todo.

Lo más difícil de tragar de la película, para mí, es que la interpretación de Johansson hace que lo de la Viuda Negra en ‘Los Vengadores’ sea una de esas “con matices y llena de registros”. Entiendo el tema de que a medida de que digievolucione Lucy se vuelva menos humana, pero teniendo en cuenta que es un concepto que se sacan de la manga no veo el motivo por el que la protagonista deba poner cara de maniquí del Bershka y voz de máquina de tabaco la mayor parte de la película. Al final ya no sólo es que se trate de una peli de coches y tiros, sino es que realmente no te importa mucho a quién le peguen el tiro o a quién le abollen el coche. Que es una cosa que con el Statham no me pasaba, sin ir más lejos.