¡Abajo la Esteban!

Belén Esteban es una supernova. En algún momento de los últimos 15 años fue estrella, pero fue acumulando tensión hasta pegar un petardazo mayúsculo, que de hecho produjo su periodo de esplendor más fulgurante. Hay expertos que sitúan el zambombazo en relación a alguna de sus peleas conyugales, ofrecidas por fascículos en el ‘Sálvame’ de modo recurrente. Otras escuelas sostienen que el punto de no retorno se produjo cuando accedió a remodelarse el careto a expensas de la cadena donde trabaja, justo a tiempo para dar las campanadas de fin de año (y de evitar que se le cayera la nariz en directo en una de esas tardes de meriendilla frente a las cámaras). En cualquier caso, todos coinciden que para cuando confesó su adicción a las drogas y, voilà, se curó, la Esteban ya llevaba tiempo destruidita. Lo que vemos es sólo una luz que viene reverberando desde del pasado.

Pero, queridos lectores, parece que el brillo de la Esteban toca a su fin. Al fin nos hemos dado cuenta de que a la chica no la adornan muchas virtudes. Pero, ojo cuidao. Tampoco caigamos ahora en juicios precipitados. El reprobable comportamiento de la Esteban en la gala de ‘Gran Hermano VIP’ del jueves pasado puede que haya sido un mero parpadeo en el esplendor de la estrella y no su ocaso eterno. Al fin y al cabo, el comportamiento de la Princesa del Pueblo en las 24 horas de ‘Gran Hermano VIP’ no difiere mucho de lo que ha mostrado todos estos años en las 4 horas diarias de ‘Sálvame’: es inculta, ordinaria, egocéntrica, nada respetuosa con sus compañeros y, sí, hasta la hemos visto comer con la boca abierta.

Llegados a este punto, para poner las cosas en contexto, no puedo más que recurrir al mantra que nos han estado vendiendo desde el primer ‘Gran Hermano Standard’: esto es… ¡¡un experimento sociológico!! Aunque también es verdad que dejaron de insistir con la tontería cuando la cosa empezó a oler demasiado, creo de verdad que esta edición VIP refleja nuestra realidad, así de la calle, del día a día, de un modo que resulta doloroso de ver. Por eso al ver a la Esteban desparramada en el sofá hablando con sus secuaces algo muy dentro de ti grita ‘¡BRUJA!’.

Si no me creen, repasemos:

Belén Esteban es la matona del patio de colegio. Es la chica esta que nadie sabe por qué es popular pero que está claro que es chunga de la hostia. Se rodea de niñatas sin personalidad, que le hacen de sicarias y criadas según convenga y que perpetúan el rol de la líder por su propia estupidez y una buena dosis de miedo.

Belén Esteban es la vecina criticona. Una mujer que lanza su artillería sobre Coman porque se para a mirarse desnudo ante el espejo del cuarto de baño porque, dice, “le ve la polla toda España”, cuando ella tiene una colección de portadas de Interviú. O que le recrimina a Olvido ser mala madre, cuando es cuestión de pura cronología entender que la Esteban no siempre estaba al 100% durante la infancia de su propia hija (de hecho tenía picos que estaba al 300%).

Belén Esteban es la manipulación en los medios. Hubo una escena gloriosa en la que Olvido Hormigos estaba siendo entrevistada en la radio por Víctor Sandoval y la Princesa no le gustó lo que ahí se contaba. Rezumando poderío y despotismo, se va la Esteban para el teléfono, alza el auricular del Góndola rojo y espeta: “Echa a la invitada”. Y la echaron, claro. Que es lo que pasa día sí día también, tal cual, en los despachos de las teles públicas del país. Y algún que otro medio supuestamente privado, también.

Teniendo en cuenta lo anterior, llegamos al punto definitivo que echa por tierra cualquier teoría triunfalista sobre el fin de la Esteban:

Belén Esteban es el PP. Internet, especialmente Twitter, revienta de comentarios negativos, de trending topics con mala uva y se hacen virales memes que la ridiculizan. Todo el mundo tiene claro que la Esteban lo está haciendo de puta pena y que hay que pararle los pies. Igualito que lo que pasa con el Gobierno de este país. Eso sí, cuando toca votar, la militancia twittera se esfuma y al final prevalece el voto de las fans incondicionales, por engañadas que vivan. Y eso es lo que cuenta para mantenerla en su sitio. Crecidita, además.

Lo peor, queridos lectores, es que para que de verdad Belén Esteban caiga la única alternativa es que Kiko Rivera, aka Paquirrín, sea Podemos. Una perspectiva que da un terror lovecraftiano que te pasas.

¡Ay!

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