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Sors immanis et inanis

‘XCOM 2’: esto es la jodida guerra

Esto es la guerra. No sé qué coño hiciste hace 20 años, en el primer ‘X COM’, pero el caso es que no sirvió para nada.

Llevamos años invadidos por los alienígenas, en un falso estado de cooperación. Los extraterrestres nos gobiernan con la promesa de hacer progresar a la Humanidad hasta el próximo nivel. Y nosotros los seguimos como corderitos. Pero donde vamos es el matadero.

La verdad es que no acabo de entender por qué tanta emoción con lo de recuperarte como Comandante, viendo el desastroso resultado de la primera vez. Pero, sea como sea, yipi ka yei, vuelves a estar al mando. Pero déjame darte algunos consejos, no la vuelvas a cagar.

Te lo repito: esto es la guerra. Los soldados vienen a morir. Ni se te ocurra encariñarte con ese recluta de la misión del tutorial al que ves ascender día a día. No va a llegar al final. O, si lo hace, será a costa de exprimirte la paciencia y retrasar hasta el aburrimiento la salvación del planeta.

La guerra es así. Cruel. Aleatoria. Da igual que equipes a tu comando con la última tecnología que hayas obtenido por ingeniería inversa después de invertir calculadamente tiempo y recursos. No importa que despliegues a tus soldados de forma metódica y racional, acorde con su rol y habilidades. Ese francotirador al que has desarrollado con tanto cariño será capaz de fallar el tiro tres turnos seguidos aun con el 90% de probabilidad de éxito, justo a tiempo de morir por el soplido de un enemigo que, fíjate tú, se saca de la manga un crítico.

¿Te crees muy listo? A la teoría de la probabilidad le importa un jodido carajo.

Así que solo hay un modo de disfrutar esto: dejarte llevar por el viento divino y, pum, patadón en la puerta. Triturar blindajes a fuerza de granadas y plantear cada turno como si ya estuvieras muerto. Para qué vas a andar perdiendo el tiempo en despliegue, cobertura y guardia si, en el momento de la verdad, todos los miembros de tu equipo pueden perfectamente fallar todos sus ataques de oportunidad. Qué coño. Ya sé que habías albergado esperanzas de un rollito más ninja al ver personajes con espadas. Pero también comparto tu desilusión al ver que una mole de dos metros y medio y doscientos kilos es capaz de esquivar un mandoble cuerpo a cuerpo. Esquivando metralla no son tan chulitos.

Quizás se te haga repetitiva tanta aleatoriedad. Joder, no sé… a lo mejor es raro que todos los VIP del mundo se pongan de acuerdo para solicitar extracciones a la vez. O lo último que te apetece es desactivar una transmisión alienígena cuando ya llevas tres. Pero por si no te ha quedado claro: esto es la guerra. A nadie le importa tu jodida diversión. Hay un trabajo que hacer.

Esto es la guerra y la gente muere. Y tiene ataques de pánico aunque tengan los cojones de mármol después de diez misiones. Si lo que buscas es el colorín, que el jodido efecto piedra se pueda curar con una jodida aguja de oro y poder ir tirando de Lázaro++ haberte alistado en el puto ‘Final Fantasy Tactics’.

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Box populi

‘Sense8’: lo hacemos y ya vemos

Hace dos semanas que acabó ‘Sense8’. Supongo que se puede hablar ya del tema sin herir a nadie con crudos spoilers. Aunque me temo que ni aunque quisiera: si la serie nunca se ha caracterizado por su solidez argumental, lo del último capítulo fue ya un desparrame de caos y confusión. A estas alturas sigo sin tener claro quién era el malo o qué coño querían decir con lo de los drones. Lo que sí puedo decir es que estoy muy feliz porque salen todos todos (pero todos) los personajes y hay orgía. ¡Biba! ¡Arriba ‘Sense8’!

Y es que la narrativa de ‘Sense8’ va muy en sintonía con la idiosincrasia de las redes sociales y el video on demand (el Netflix de los maratones, vaya). Lo fundamental es la conexión emocional con el espectador y el sentido de la maravilla. No hace falta que se entienda. ‘Sense8’ es un lugar feliz donde todo el mundo tiene su hueco. La cancelación de la serie supuso un drama a los seguidores, en primer lugar, porque hoy en día todo es un puto drama y más si se puede tuitear. Pero los lamentos que se oían con más fuerza eran acerca del valor simbólico de la serie por la visibilidad y representación afectiva y de género. Que tampoco era plan de dejar a Wolfgang de aquella manera. Pero, sobre todo, qué pena que nos quitaran una serie TAN BONITA.

El fenómeno no es nuevo. ‘Lost’ (‘Perdidos’) inauguró esta nueva manera de vivir las series con medio mundo enganchado a un follón que no entendían pero compartiendo su fascinación común en Internet. ‘Lost’ conectaba con el ‘mainstream friqui’; la gente que se burlaba de que leyeras cómics en el cole y ahora llevan a sus hijos a ver ‘Los Vengadores’ al cine. ‘Sense8’, en cambio, apela al núcleo duro de los freaks. Los raros de verdad. Los que hablan de género fluido y poliamor. Parece mentira, pero desde ‘Lost’ hemos dado un cambio generacional y hemos llegado a lo que José Luís Algar reivindica como “La venganza de lxs inadaptadxs”:

En ‘Sense8’ es evidente que Lana Wachowski se reivindica a sí misma y transforma su dolor en celebración con la complicidad de los espectadores. En el mismo sentido, Javier Calvo y Javier Ambrossi llevan la exaltación de los raritos hasta el extremo más literal en ‘La llamada’. Este es otro caso de guion básico que soporta a duras penas un análisis objetivo, pero que termina siendo una película maravillosa gracias a la conexión con su público (y una obra de teatro prorrogada hasta el infinito gracias a eso mismo y a ‘OT 2017’, que es otro ejemplo perfecto de todo esto que estoy queriendo decir sobre la narrativa de las emociones y el poder del Twitter).

¿Significa esto que cualquier cosa que incluya géneros y sexualidades de las que hacen enfurecer a los militantes de Vox ya tiene que molar, automáticamente, aunque esté mal hecha? Pues no. Ahí está, por ejemplo, Esty Quesada haciendo aguas con ‘Looser’, una webserie que tiene todos los mimbres del universo Calvo-Ambrossi (tal cual, además) pero que está concretada de modo pésimo. Como youtuber que comparte su amargo videodiario con el mundo, Soy Una Pringada encontró con éxito una voz y estilo que provocaban la magia. Como guionista… pues, chica, aún le falta.

Todo esto cobra una especial dimensión si observamos otros ámbitos culturales. La caverna de los videojuegos vive revolucionada estos días porque de repente aparecen mujeres en portadas de juegos de guerra, personajes icónicos muestran abiertamente su sexualidad (y lo que sucede a continuación te sorprenderá) y a una saga de prestigio se le ha ocurrido dejar elegir el sexo y la orientación sexual del avatar del jugador. Son cambios prácticamente estéticos para muchos, pero que ponen el mundo patas arriba para muchos más.

Supongo que aún queda camino por recorrer. Ahí está ‘Sense8’, durmiendo el sueño de las series mutiladas y canceladas por las leyes del libre mercado. Pero qué tiempo este para tener un router, ¿eh?