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Ars gratia artis

‘Doctor Extraño’: Dimensión Divertida (¡es la fiesta!)

Cada vez resulta más difícil valorar las películas del Universo Cinemático Marvel, teniendo en cuenta eso. Que forman un todo y que se rigen por sus propias leyes. Cómo, si no, podrían plantearse excentricidades como detener el esquema narrativo de ‘Los Vengadores: la era de Ultrón’ para meter un cortometraje que explique la génesis de su nuevo Spider-Man. Cualquier decisión que se tome en una película sirve al interés general de la franquicia, por difícil que resulte de asimilar a corto plazo.

De ‘Doctor Extraño’ se puede decir que es una película hecha con plantilla. Es la tópica historia de un personaje en las antípodas de lo heroico que tiene una epifanía y, tras ciertos momentos de reajuste, termina abrazando su destino, salvando el mundo y, en una coda final, manifestando que está preparado para lo que tenga que venir. Siendo esto que tiene que venir, casi con toda seguridad, una película de Los Vengadores.

Está claro que a Marvel la plantilla le funciona. Lo de ‘la fórmula del éxito’ describe a la perfección el chollo que han encontrado. Sirve igual para presentar los pilares de la saga (por lo menos Iron Man, que el resto venían héroes de serie) como para introducir personajes secundarios como un Ant-Man o un Doctor Extraño. Veremos si también un Pantera Negra, aunque con este también invirtieron ya preciosos minutos en la última de Los Vengadores.

El hecho de que a Marvel le sirva la plantilla no quiere decir que no me parezca mejorable. Por un lado, aprecio que la sensación de ver todas estas películas se parezca mucho a la experiencia con los cómics: las tramas locas, los crossovers imposibles y el mogollón de personajes con poderes cada vez más límite. Pero lo que en los cómics me parece entrañable, en las películas me llega a molestar. Y no tengo ni idea de por qué. Estoy abierto al debate.

En ‘Doctor Extraño’ no llegan al nivel de «tu madre se volvió subatómica» de ‘Ant-Man’ pero los brochazos con los que pintan la historia en algunos aspectos me desorientan. ¿Será porque pretenden encubrirlos con fuegos artificiales y brilli brilli? Me voy a poner en plan Carrie Bradshaw nerda: ¿me enternece que los cómics sean como son en su candidez y modestia, mientras que las pelis de alto presupuesto y soberbia de medios me ponen a la defensiva?

Por ejemplo, uno de los elementos más valorados de ‘Doctor Extraño’ es su increíble despliegue visual. Y, sí, llevan un paso más allá los famosos planos de ‘Inception’ de la ciudad doblándose sobre sí misma, lo cual sitúa la película, ya de entrada, por encima del anuncio del Nissan Qashqai. Pero por más que la puesta en escena sea inmejorable, yo no puedo evitar sonreír ante la cantidad de cosas que dicen en mayúsculas, asumiendo que con eso ya está explicado todo: Dimensión Espejo, Dimensión Oscura, Anillo Doble… Eso sí, lo que de verdad importa lo dicen bien clarito: «Hola, mira, esto de aquí es una Gema del Infinito». Claro que también lo dicen en mayúsculas, ahora que lo transcribo. Pero, claro, lo de las gemas ya viene explicado de antes. Bueno, tampoco de mucho antes. Lo explicaron en ‘Guardianes de la Galaxia’, si no recuerdo mal, pero aplicaba con efecto retroactivo hasta el Teseracto.

¿Veis a lo que me refería? Ni siquiera puedo decir con la boca llena que ‘Doctor Extraño’ se siente inconclusa o está mal explicada porque antes de abandonar la sala ya sabes que (uno) Strange estará en la próxima película en la que salga Thor y (dos) habrá ‘Doctor Extraño 2’ y ya tenemos villano. Cualquier duda que te quede sobre cómo funciona la movida esta de dimensiones y portales te la resolverán en algún momento que les convenga mejor.

Así que, respondiéndome a mí mismo, sí. Cuando me siento a ver una película de la Marvel subo el listón respecto a los cómics inconscientemente. Primero me enfado un poquito porque no se lo curren tanto como deberían y luego vuelvo a mi ser, porque al fin y al cabo estas cosas las hacemos para pasar el rato. Debería limitarme a disfrutar de la batalla de pómulos entre Benedict Cumberbatch y Mads Mikkelsen. Que sobre el trabajo de casting de la Marvel no me vais a oír  ni media protesta.

Y, no. ‘Doctor Extraño’ no es una película divertida. Por lo menos no en plan «ay, que me desorino, qué de risas colega». Me apetecía titular esta entrada en plan homenaje a Paco Pil, aunque el 99% de lectores de este humilde blog no sepáis quién es, ni ganas que tenéis.

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Ars gratia artis Nulla dies sine linea

Peli vs libro: ‘Perseguido’ contra ‘El fugitivo’

Me fascina cuando la diferencia de criterio en la traducción aporta exactamente los matices necesarios. Justo venía a explicaros algo que ya se intuye enfrentando los títulos en castellano de la película y la novela: mientras que en la primera al protagonista lo persiguen, en el libro huye. No sé fue una decisión voluntaria y estilística o más bien una cuestión de marketing, pero me encanta. En inglés ambas son ‘The Running Man’, que tiene un rollo más abstracto y talmente se podría aplicar a lo de que habla Haruki Murakami cuando habla de correr.

Stephen King publicó ‘El fugitivo’ en 1982, bajo el seudónimo de Richard Bachman. El mismo King explica que creó un alter ego para dar salida a su fiebre productiva, que le llevaba a tener listas para imprenta dos (o más) novelas al año. Quiero creer que, aunque él fuera un torrente de arte y brío narrativo, alguien en su(s) editorial(es) se dedicaba a pensar más en lo que viene siendo el duro arte de vender y repartía las obras intentando preservar el posicionamiento de ‘genio del terror’. Entiendo que todo lo que no encajaba dentro del concepto marca de la casa de ‘terror de lo cotidiano’ (el perro se vuelvo diabólico, el coche se vuelve diabólico…) salía con la etiqueta Bachman.

Cuento todo esto porque ‘El fugitivo’ es, para mí, una tentativa del King en el terreno de la ciencia ficción… que o no le acabó de salir o el tiempo ha tratado nada más que regular.

La novela es una distopía de manual en la que King juega con un concepto tan propio del género como el de un Estado que envenena el aire y no solo consiente que los ciudadanos enfermen y mueran sino que, además, saca partido de ello. Siguiendo el manual orwelliano al dedillo, resulta que uno de los principales mecanismos para mantener el status quo es la ‘librevisión’, que tiene en ‘El fugitivo’ su programa de más éxito. El concursante de ‘El fugitivo’ es un declarado enemigo del Estado y, como merece la muerte, será perseguido implacablemente por los Cazadores. Pero como el Estado también sabe ser clemente, el fugitivo de marras puede ganarse el perdón si sobrevive 30 días.

Para mí el problema de la novela es que pretende abarcar demasiado. La persecución es solo un complemento a la parte que narra el descubrimiento de los tejemanejes del Gobierno. Y, al final, ni una cosa ni otra: el punto de destino de ‘El fugitivo’ es el punto de partida de muchas otras obras más memorables y los personajes no van mucho más allá tampoco. No ahonda en apenas nada y se limita a quemar trama, que en mi humilde opinión no sería la elección más adecuada para esta novela.

Estamos, pues, ante uno de esos casos en los que la peli me parece más recomendable que el libro. Básicamente porque el guión de Steven E. de Souza es más consciente de lo que quiere contar y resulta más efectivo al centrarse en una sola idea. Para el caso, ‘Perseguido’ se presenta como un producto televisivo muy específico, pensado hasta el detalle y, por tanto, con mayor carga de maldad por parte de la organización. Sin ir más lejos, convertir a los inanes Cazadores de la novela en personajes con entidad propia, superestrellas sacadas de algún videojuego, con su grupo de fans y todo me parece un acierto sensacional. De entender incluso mejor que King el material que había en la novela. Por cierto, aprovecho para reivindicar que vuelva ‘Gladiadores americanos’. Gracias.

Total: que la peli consigue doble premio. Por un lado el espectador conecta fácilmente una televisión tan manipuladora con un Gobierno cruel (por lo que ya está, misión cumplida) y, por otro lado, con esta peli consiguieron poner encima de la mesa reflexiones sobre la influencia de los medios que aún siguen vigentes. Lo que viene a ser marcarse un clásico. Vista tantos años después ‘Perseguido’ solo me flaquea en lo barato de su estética, con esos escenarios a oscuras y ese pijama de la muerte que me lleva Schwarzenegger. Aunque también nos mola por eso, por supuesto.

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Ita dicimus omnes Noli me tangere

‘Black Mirror’: que sí, coño, que es ciencia ficción

A veces me temo que estar encerrado en esta Abadía atemporal me está volviendo un viejo cascarrabias, cuando no directamente un soberbio que arderá en el infierno. Pero es que hay momentos, como estos días que han pasado desde el estreno de la tercera temporada de ‘Black Mirror’, que hasta el círculo del infierno más jodido se me hace soportable comparado con un paseo por las redes sociales. Cada vez que leo un iluminado flipándolo tan fuerte me dan ganas de arrancarme el cilicio para liarme a latigazos. Ahora resulta que la ciencia ficción está muy bien. ¡Tócate los cojones!

Quiero pensar que aún no estoy ciego de ira. Para mí sigue prevaleciendo aquello de que a cada uno le gusta lo que le gusta y Dios en la de todos. Y que bendito sea el Internet por hacer virtualmente ilimitado el acceso a la información (jiji, «virtualmente»… jeje, qué chispa tengo). Lo que me enciende la sangre en plan caldero de Pepe Botero es lo que hace la gente con esa información. Que es, basicamente, NADA.

Sin ir más lejos, y sirva como ejemplo, el otro día estaba intentando poner a prueba mi odio paséandolo por un verdadero campo de minas de la inquina: los comentarios en Facebook a un post de Netflix sobre ‘Stranger Things’. No había dado ni dos pasos cuando… boom.  El caso es que había un muchachuelo muy audaz que decidió hacer uso de la libertad de expresión que le da la Constitución y la puta banda ancha para hacer lo que mejor se nos da: criticar al tuntún. Vino a iluminar al respetable con una observación agudísima. Un error detectado en el guión de la serie y que le restaba credibilidad al conjunto, como si las caras de Winona Ryder no fueran suficiente. El chaval decía que vaya tela que hablaran en la serie de ‘El hobbit’ y ‘El Señor de los Anillos’, estando ambientada en los años ochenta. ¡Ay!

¿Cuándo perdimos de vista a Tolkien y nos quedamos con Orlando Bloom? Es más, ¿por qué la chavalada de hoy no sabe quién es el bueno de J.R.R. pero en cambio se lee las sagas de Suzanne Collins y Stephenie Meyer? Supongo que es una cuestión de mercadotecnia, al fin y al cabo, y uso la expresión en castellano para compensar que a continuación haré referencia a algo que sólo sé decir en inglés: mainstream. De hecho sí se decirlo en llano castellano, pero es más faltón: borregada. Resumida por encima, mi teoría es que si quieres vender a cuanta más gente mejor tienes que bajar el listón a tope. Para no dejarte a nadie por el camino hay que hacerlo sencillito. En ese sentido, audaces escritoras que tienen cuenta de Instagram funcionan muy bien porque el público objetivo se siente tope identificado con ellas. Lo mismo aplica para los actores de buen ver que disparan la hormona cosa fina. En cambio, señores que llevan muertos un porrón de años resultan un concepto mucho más espeso.

Poco a poco, hemos ido acostumbrando a los lectores a que no tengan que romperse mucho la cabeza. ¿Que te gusta esto del ‘Sinsajo’? No te preocupes, que te vamos a hacer las películas y vamos a venderte mogollón de combos de libropeli con una etiqueta con la que puedas sentirte identicada: young adult. No es necesario que vayas por ahí investigando cuáles son las fuentes de estos libros que te gustan tanto ni que explores autores diferentes. Eres young adult y ya se sabe que tienes muchas cosas en la cabeza, como para ir hurgando en bibliografía. Hashtag young adult y tira millas, pequeña. Tenemos en la punta de nuestros dedos el acceso a centenares de wikis de variado pelaje, foros de discusión con expertos ávidos de compartir su conocimiento… pero nos la suda un poco todo.

Y me da rabia. Me jode tanta vanalización del conocimiento de un modo genérico. Pero, lo admito, también me revienta haber sido el raro del instituto durante tanto tiempo para que ahora mole lo que a mí molaba pero entonces no molaba que te molara. Por ahí no paso. No es que me hicieran bullying, claro, pero lo chungo que es crecer con la certeza de ser de los raritos es algo que solo sabemos quienes lo hemos vivido. Y el mainstream nos ha robado incluso eso y nos lo ha devuelto deformado y prostituido. Porque primero esto de ser el raro (que no tenía ni nombre) pasó a ser ‘friqui’ y cualquier gilipollas al que le gustaba algo era friqui. Había concursos para ver quien era friqui de cosas más friquis. Y cuando eso ya no bastaba entonces a lo friqui lo empezaron a llamar nerd y veías ‘The Big Bang Theory’ y ser nerd era lo más y de repente se podían hacer bromas sobre juegos de rol en la tele y todo el mundo se descojonaba. Hasta Nieves Herrero, en el sofá de su casa, muerta de risa con las ocurrencias de esos mozalbetes. Que anda que no dió por el culo la tía con el ‘asesino del rol’ y el tipo de la katana del ‘Final Fantasy’.

Así que ahora leo gente comentando que qué pasada ‘Black Mirror’ y aportan comentarios de calidad del tipo «es que hablan del futuro pero ya estamos ahí» y me dan los siete males, uno detrás de otro. No abundan argumentos en plan que los guiones son sólidos o el diseño de producción esté cuidadísimo. Ni que los actores y actrices estén sensacionales. O que el formato de antología de la serie le siente muy bien y le permita cubrir varios frentes. No. La mayoría de comentarios, incluso en críticas y reseñas en los medios, va en la línea de destacar cómo la serie reflexiona sobre la influencia de la tecnología en nuestra sociedad. Lo que viene siendo la definición de ciencia ficción de manual. Y yo me pongo de los nervios con tanta intensidad mal enfocada.

Será cuestión de asumir que, una vez muertos, los Philip K. Dick y Richard Matheson son referencias entrañables para nostálgicos. Los nuevos creadores son tipos como J.J. Abrams, por lo que cerramos el círculo y debemos asumir que ‘Star Wars’ es ya, definitivamente, ciencia ficción de la buena. Y luego ya series como la Charlie Brooker son ‘de pensar’, que junto a las ‘de reir’, ‘de llorar’ y ‘de miedo’ son los géneros preferidos por los niños y las niñas.

 

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Sors immanis et inanis

‘Agar.io’: Francis Underwood no juega a ‘Pokémon Go’

En la cuarta temporada de ‘House of Cards’ hay un momento en que Francis Underwood se echa una partidilla al ‘Agar.io’. Es uno de esos momentos muy ‘Juego de Tronos’, en el que dos rivales a muerte tienen una charla en apariencia relajada pero en la que intentan barrer el suelo el uno con el otro. En la serie, los personajes bromean sobre que este juego de comerse a los pequeños mientras evitas que te coman los mayores se parece mucho a la vida política. Lo que yo no imaginaba es que ‘Agar.io’ es mucho más que una metáfora poderosa sobre las elecciones. Es una macabra representación de la vida misma.

‘Agar.io’ es un juego en el que manejamos una célula en su encarnizada batalla microscópica por la supervivencia. Como mencionaba, la cuestión es que podemos absorber a otras células más pequeñas que nosotros para crecer y hacernos más fuertes, aunque siendo conscientes de que siempre hay alguien mayor que tú.

Las células pequeñas cuentan con el beneficio de la velocidad, que les permite escapar del poder de la mitosis. El equivalente a un ataque en este juego se produce cuando una célula decide dividirse en dos de manera violenta: a falta de armas, las células de ‘Agar.io’ se dividen de un modo explosivo en el que de una de las células hija sale disparada en línea recta. La clave de todo esto es, claro, que si eres obscenamente grande da igual partirte por la mitad porque te llevas por delante todo lo que pillas.

La gracia del juego es que es online. Todas las células que corretean por ahí están controladas por jugadores humanos desde sus ordenadores o teléfonos. Lo malo del juego es que es online. Jugar con seres humanos es una puta mierda.

En primer lugar, hay una hostilidad evidente en el mismo diseño del juego. Puedes tunearte tu propia célula del modo más malote que encuentres. A medida que ganas experiencia vas desbloqueando iconos basados en la cadena trófica, supongo que para motivarte y que no te conformes con ser una mosca (muerta). Pero luego, además, puedes invertir tus monedas virtuales en skins malrolleras como monstruos pavorosos… o la cara de Vladimir Putin.

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Moraleja #1: Ofrece tu cara más agresiva a los demás si no quieres que se te coman. Si eres cuqui, prepárate a morir.

En ‘Agar.io’ no hay canal de chat, o sea que toda la comunicación con los demás es no verbal. Mal rollo, también. Nunca sabes si quien se te acerca es amigo o enemigo, por lo que el camino fácil es asumir que todos quieren comerte. Aun así, hay quien usa el único campo de texto disponible, el nombre de usuario, para lanzar consignas que despierten la empatía de los demás. Oh, sorpresa, las alianzas acaban produciéndose por factores políticos. Las celulitas turcas unidas jamás serán vencidas.

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Moraleja #2: da igual cómo seas, las inquietudes que tengas o lo hábil que seas. Al final siempre te harás amigo de Manoli, la del pueblo.

En el momento en que te das de bruces con el tema de las alianzas, se acaba la diversión para ti. Sólo te queda el modo contrarreloj, en el que todo el mundo comienza a la par y tienes cinco minutos para ser el más glotón del lugar. Pero si insistes en jugar en el modo normal… mal rollo. Entrarás con la partida ya empezada, en el que suele haber un jugador de tamaño descomunal al que alimentan un par o tres de pelotas. Y, obviamente, irán a por ti sin descanso, abusando de su posición de poder. Jugar así no mola, no ya porque te toca perder una y otra vez, sino porque no hay una experiencia de juego real en la que puedas medir tu habilidad con la de los demás.

Moraleja #3: Hay quien renuncia a jugar para no perder.

Moraleja #4: Estas son las reglas del juego. A llorar a la vía.

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‘X Factor 2016’: para que nada cambie

Pues allá vamos. Que empiecen los decimoterceros live shows de ‘X Factor’. Son puro trámite y olvidaremos al ganador para cuando volvamos al cole después de Reyes. Pero también sabemos que podría ser peor. Podría ser la edición pasada.

Fue necesario un ‘X Factor 2015’ para que nos diéramos cuenta de que no queremos cambios. Por años que pasen, por gastado que esté el formato, es mejor que no lo toquen. El día que decidan retirarlo, que lo guarden en una caja tal y como está ahora. Lo único que estoy dispuesto a admitir (de hecho lo deseo con toda mi alma) es que vuelva Danii Minogue. Todo lo demás, merde.

Aceptémoslo: nos encanta hasta la manipulación más descarada, marca ‘X Factor’. Queremos querer a dependientas del Tesco fracasadas, a madres que pretenden triunfar después de haberse sacrificado por sus hijos. Aunque al final apoyemos al guapo de boyband, nos gusta que el gordito mal vestido nos enamore un rato. Nuestro nivel de enfermedad nos lleva a llorar como magdalenas cuando el jurado mueve sus hilos para que el candidato termine cantando la canción que escribió para su hermano muerto (que te lo paras a pensar, así en frío, y vaya tela, colega).

Luego, claro está, nos sigue fascinando el escenario de los live shows. El precisión del montaje. El locurón de las músicas de fondo. Luego te pones una gala de ‘Gran Hermano’ y mueres por dentro al ver que no les sale nada bien a la primera.

Pero este año, además, han vuelto cosas que yo no sabía que iba a echar tanto de menos:

 La senilidad de Louis Walsh

Louis Walsh

Es un juez irritante, eso es verdad. Pero nadie como él abraza la locura del espectáculo. Es quien mejor comprende que no queremos buenos artistas. Queremos tensión y drama y él tío está súper comprometido con este rollo. Históricamente nos ha dado a los Jedward y a Wagner. También a los Westlife, pero esos han quedado solo como broma recurrente, pobres.

El pérfido Simon Cowell intentó jubilar a Louis el año pasado y se ha arrepentido lo más grande porque el muchacho ese con el que pretendía sustituirlo un palo metido en el culo.

Louis ha vuelto y lo ha hecho a conciencia: en las fases preliminares  sacrificó a los cuquérrimos Tom and Laura en beneficio del despropósito kitsch de Bratavio. Todos sabemos que ninguno de ellos llegará lejos en el mundo real, pero nuestro irlandés preferido es el único capaz de decirlo en voz alta y disfrutar con ello.

La frescura de Nicole Scherzinger

Otra que también entiende su papel en el show es la que puso el pussy en las Pussycat Dolls. Ni Cheryl, por más que la adore, ni Tulisa, aunque ganara. Mucho menos Rita Ora, por los clavos de Cristo. Estamos en lo de siempre: necesitamos a alguien que no se tome esta mierda demasiado en serio y nos saque de vez en cuando de esta espiral de lucha por tus sueños y es la oportunidad de mi vida.

La ropa ajustada de Dermot

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Bueno, esto lo sabíamos todos. Lo de prescindir de Dermot era un error evidente incluso antes de que empezara el programa. Estaba tan claro que Olly Murs no podría rellenar el hueco que hasta le pusieron a la chica pesada esa al lado.

Ya no es que Dermot sea carismático, cercano y vivaracho. Es que llena las camisetas como nadie y tiene a los pantalones de traje reventando por las costuras. ¡Alabado sea el Señor!

Así que todo bien en el ‘X Factor 2016’. Incluso tienen concursantes.

 

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‘Kingsglaive: Final Fantasy XV’: qué pasote de cinemática, ¿no?

Pues sí, Square-Enix se ha marcado una cinemática de casi dos horas. Y la ha metido en un Blu-Ray separado del juego y hasta la han puesto en salas de cine. Y se siente incompleta y tiene una narrativa rota. Pero es espectacular cuando quiere y disfrutable si uno quiere. Y si no, pues no pasa nada. En serio.

Como, al fin y al cabo, esto es un blog personal, debo decir que yo estoy dispuesto a comprar ‘Final Fantasy XV’. No solo el juego, claro, sino el concepto. Yo quiero abrazar el hype. Después de la decepción del XII, el timo del XIII y la vergüenza del XIV aquí sigo, romántico empedernido o tonto del bote, no sé, esperando que vuelva la magia. Por eso me planté en la sala Phenomena de Barcelona, una de las pocas donde se ha podido ver ‘Kingsglaive’ en pantallote y sonidote. Claro que precisamente verla en plan espectacular hace que mi experiencia sea más positiva. También influye el hecho de que soy de la generación que fue al cine a ver ‘Akira’ y esperaba pacientemente que Selecta Visión sacara los DVD de ‘Neon Genesis Evangelion’ uno a uno. Que nos digan algo, a nosotros, sobre narrativas sincopadas.

En fin. Que eso. Que ‘Kingsgalive’ es la culminación de esto:

No sé vosotros, pero yo lo veo una clara mejora.

Y con la voz de Cersei, nada menos.

Y con la voz de Jessie. El de ‘Breaking Bad’, digo, pero que no parece Jessie y lo hace muy bien.

Y sale Sean Bean. Spoiler alert.