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‘Gossip Girl’, el último culebrón adolescente

Hubo una época en que ser adolescente era ya suficiente drama. Que tu máxima preocupación era elegir entre Luke o Ryan o perder la virginidad con tu profesora. Ni siquiera los problemas con las drogas eran mayor inconveniente porque, total, tu madre tambén lo había sido. Solo los muy losers sufrían de verdad ante la amenaza de no graduarse con el resto de sus compañeros (¡GRADUAD A DONNA MARTIN!).

Así eran las chicas antes de Katniss
Así eran las chicas antes de Katniss

Ahora ya no. Los adolescentes de hoy en día viven existencias ultraputeadas. A sus tonterías de años hormonales se les añaden dificultades sobrenaturales, a veces de forma literal. La cosa va a modas. Hubo una racha de dramas vampíricos, por ejemplo, y no me refiero a los que perecieron bajo el tacón de las botas de Buffy (aunque Joss Whedon ahí estuvo la mar de visionario). Últimamente se llevan más las distopías. Ya no puedes petarte los granos ante el espejo en este mundo, que tienes que hacerlo en alguna cruel variación futurista. Si es bajo un inminente peligro de muerte y después de haber matado a alguno de tus amienemigos, mejor.

2007 fue un año clave: estalló una crisis económica global que aún nos tiene a todos deprimidos y, a otro nivel de jodienda, a alguien se le ocurrió adaptar al cine una novelucha que corría por ahí llamada ‘Crepúsculo’. Pero en CW vivían ajenos al marrón que se avecinaba y quemaban cycles de ‘America’s Next Top Model’ como si no hubiera un mañana. Lo de dramas con pretensiones de trascendencia les pillaba lejos, así que estrenaron una cosa muy ligerita y banal llamada ‘Gossip Girl’ o, como dieron en llamarla en una traducción internacional, la Reina Cotilla. ¡Enorme!

‘Gossip Girl’ pretendía dar una vuelta de tuerca a los dramas de instituto acercándolos a ‘Sexo en Nueva York’. Esto lo digo yo, como todo lo de este blog, y me quedo tan ancho. Pero, ya para empezar, formalmente es innegable que ambas series estructuraban los episodios alrededor de una voz en off femenina que escribía sobre los sucesos que ocurrían en la trama. Además, el escenario común era un Nueva York aspiracional a tope. Y, como dato más residual, las dos ficciones estaban basadas en novelas que nunca nos hemos preocupado de leer. ‘Gossip Girl’ partía como el refugio de los huérfanos de Carrie Bradshaw, finada tres años antes, y los de Kristen Bell, traumáticamente desahuciada de ‘Veronica Mars’ ese mismo año.

Imaginad si se vinieron arriba con ‘Gossip Girl’, que la CW decidió resucitar la mismísima ‘Sensación de vivir’ con una secuela a la que llamaron ‘90210’ por aquello del minimalismo y el diseño. La euforia dio hasta para un ‘Melrose Place’ 2009 Edition, aunque ya era demasiado tarde. Para aquél entonces ya todo estaba infectado de vampirismo. Estos fueron también los años en los que ‘Vampire Diaries’ vio la luz (artificial, se entiende) y ahí sigue, spin-off incluido (‘The Originals’).

Pero pensemos en cosas bonitas y centrémonos en ‘Gossip Girl’ y sus problemas del Primer Mundo.

La típica foto de los protagonistas tumbaditos juntos
La típica foto de los protagonistas tumbaditos juntos

‘Gossip Girl’ era, como buen culebrón, una serie que no tenía ninguna lógica. Ni interna ni externa. Es más, la única regla que hay en el género es que no hay reglas. Una serie es mejor cuanto más se sumerja en la locura y olvide los complejos. Y ‘Gossip Girl’ era experta en olvidar.

Repasemos algunos puntos por los que la serie era tan maravillosa:

1) La Reina Cotilla

La premisa de la serie era que una desconocida bloguera aireaba en tiempo real todos los cotilleos de los niños guapos de Nueva York, con especial saña en los de la casquivana Serena van der Woodsen, de los van der Woodsen de toda la vida. Conforme avanzaba la serie, el interés por desenmascarar a Gossip Girl iba creciendo y ocupando tramas, de modo que mientras los protas eran niñatos de instituto les daba como más igual, pero bastó con que se hicieran mayores y manejaran empresas millonarias para que, de repente, les entrara la urgencia de jugar a los detectives. Incluso hubo uno que pretendió derrocar el blog de mierda de la Cotilla para construir un imperio editorial en su lugar. Vamos, como yo con este blog.

Lo más grande llegó al final, cuando por fin se desvelaba quién estaba detrás de Gossip Girl. Resolvieron la cuestión de forma atroz. No solo había cientos de situaciones escenificadas a lo largo de la serie que contradecían la explicación oficial sino que, de propina, consiguieron cargarse la magia del estilo narrativo. La voz en off de Kristen Bell, sus reflexiones y juegos de palabras y el «xoxo, Gossip Girl» marca de la casa quedaban fuera de lugar, por más que pretendieran hacer un guiño a los espectadores haciendo aparecer a la actriz en pantalla en el último episodio.

De todos modos, recordemos: «atroz» en este caso está bien. Tomarse a chufla el tema de la Reina Cotilla fue la última grandeza de ‘Gossip Girl’.

2) Los personajes

Al principio de la serie todo parecía indicar que la estrella absoluta sería Serena. Serena van der Woodsen, o sea por favor. No le pones a un personaje Serena van der Woodsen para que sea un secundario. Pues, mira, al final resultó que la protagonista era su amiga, la fea. Blair Waldorf. Que, como nombre, tampoco está mal. Pero no es van der Woodsen, por el amor de Dios.

Terry Richardson emputece todo lo que toca, ¿no? Pero de verdad que Blair y Serena son chicas cuquis
Terry Richardson emputece todo lo que toca, ¿no? Pero de verdad que Blair y Serena son chicas cuquis

Este baile de protagonismos fue posible gracias al ojo educado de los guionistas. Cuando había personajes que no cuajaban e, incluso, despertaban el odio de las masas, desaparecían de forma más o menos elaborada (hola Jenny Humphrey, hola Vanessa). En cambio, hubo personajes episódicos que fueron robando escenas y ganándose reapariciones estelares gracias, en gran medida, al talento de las actrices (hola Dorota, qué tal Georgina). Saber gestionar esto fue uno de los grandes logros de la serie.

Y no es que Blake Lively, interpretando a Serena van der Woodsen (no me cansaré de escribirlo entero) lo hiciera mal. Al revés, creo que fue la única actriz que entendió que estaba interpretando a una chica de 17 años. Era imposible no enamorarse de ella cuando hacía esos mohínes y sonreía como una chica, por más que insistieran en hacer que los personajes juveniles actuaran como adultos. Estamos hablando de chavales de 17 años que se sirven whisky del mueble bar y degustan la copa con intensidad de magnate del petróleo. ¿Dónde quedaron las incursiones en la licorería con el carné de identidad falso?

La cuestión es que el personaje de Serena van de Woodsen era demasiado intenso y muy serio para lo que acabó siendo ‘Gossip Girl’. Blair daba más juego, era más parodiable. Porque otra cosa que molaba eran…

3) Las tramas inverosímiles

Obviamente, ‘Gossip Girl’ era la historia de amor de Serena van der Woodsen y Dan (solo Dan). También la de Blair y Chuck. De rebote y de relleno, la de otros que pasaban por ahí. Pero, cuando acabaron con las combinaciones amatorias de personajes, fueron tirando de tramas más o menos serias. Ninguna de ellas, por supuesto, llegó a importar nunca.

La que más me ha fascinado siempre es la de los estudios universitarios de estos chicos. Durante un montón de episodios el campo de batalla de sus traiciones mutuas era el acceso a alguna universidad de la Ivy League. Este tema suele ser siempre el problema de las series de instituto porque, claro, tienen que dejar de serlo a la fuerza y los apaños argumentales suelen flojear. En ‘Gossip Girl’ llegó un momento en el que, simplemente, dejaron de hablar de la universidad. Todos ellos. Nadie estudiaba. El campus y los profesores desaparecieron como el rocío de la mañana. O como el hijo secreto de dos personajes que, después de muchas tribulaciones, se reencuentra con sus padres biológicos para que estos, muy emocionados, lo monten en un autobús de regreso a casa en plan «vuelve cuando quieras».

Se nota la emoción de la graduación en sus miradas
Se nota la emoción de la graduación en sus miradas

Pero para trama inverosímil, (SPOILER, BITCH!) la delirante historia de (HE DICHO QUE SPOILER) cómo Blair Waldorf llegó a princesa de Mónaco. ¡Princesa de Mónaco, tía! No solo es el hecho de que inventaron un Grimaldi ad hoc y todas las idas y venidas que esto dio de sí. Es que, desarrollando esta trama, los guionistas abrazaron completamente la locura y llevaron a sus personajes al límite de la parodia. ¿Que esta niña Waldorf se cree una princesita neoyorkina? ¡Pues toma Principado!

El descoque argumental necesitaba que los personajes sostuvieran una cosa y la contraria de un episodio para otro. No exagero cuando digo que a veces, si parpadeabas durante un capítulo, de repente no entendías por qué Fulanita y Menganita se habían hecho amigas otra vez después de odiarse con la intensidad de dos concursantes de ‘Gran Hermano’.

4) La autoconsciencia

Todas estas locuras se perdonaban no solo porque es lo que se esperaba del género, sino porque ‘Gossip Girl’ siempre tuvo ese aire autoconsciente tan divertido y, a la vez, cómplice. Era maravilloso ver cómo los personajes, a veces, hacían comentarios irónicos que introducían el sentir del público (mención honorífica a los chistes sobre la evolución del pelo de Dan). También eran muy disfrutables todas las referencias al universo propio que fueron apareciendo a lo largo de la serie (¡meta!). Mis preferidas eran las relacionadas con la iconografía de los años de instituto: los escalones del Met, las diademas…  y, en ese sentido, mis personajes preferidos de todos los tiempos fueron las dos niñatas lectoras de Gossip Girl que se atrevían a increpar a los protagonistas por la calle.

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Atención al look postcoital de Dan

Pero todo esto se perdió, como lágrimas en la lluvia. Pocas series adolescentes de hoy se pueden permitir introducir estos elementos en la gravedad de sus tramas. Si acaso, las series de superhéroes que (sobre)pueblan CW dan este tipo de juego, aunque sea un factor más bien heredado de los cómics en los que se basan. Que, por otro lado, son de DC y tampoco es que se propongan copiar el sistema Whedon de crear universos cinemáticos (Whedon, otra vez Whedon, siempre Whedon).

¿Vale la pena recuperar ‘Gossip Girl’ en 2016? Pues sí. Aunque sea como ejercicio de reivindicación. Que además está en Netflix, hombre.

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Sors immanis et inanis

‘The Walking Dead’: elige tu propia aventura Z

«Deja morir a este imbécil», «No te quedes ahí parado, idiota», No te fíes de este cabrón»… Que levante la mano quien no le haya espetado alguna fórmula parecida, palabrota incluida, a alguno de los personajes de ‘The Walking Dead’. Pues bien, que sepáis que los videojuegos de Telltale Games están ahí para aliviar vuestra frustración y que demostréis que vosotros sí os los apañaríais en un apocalipsis zombi. A ver quién es el chulo que los termina sin un solo ‘game over‘…

De juegos basados en el universo de Robert Kirkman hay, básicamente, dos. ‘The Walking Dead: Survival Instinct’ es más bien un juego de acción centrado en el malote oficial de la serie, Daryl Dixon. No lo he jugado porque, por un lado, hay la opinión unánime que es una castaña y, por otro lado, el tema tiros no es lo mío. Por eso, obviamente, os hablo del otro.

‘The Walking Dead: a Telltale Games Series’ es, pues eso, una serie paralela, que yo sepa, a todo lo publicado. No hay cruces ni con la novela gráfica, ni con la serie principal, ni con ‘Fear The Walking Dead’. Pero, obviamente, el universo es el mismo, las reglas que se aplican son las mismas y la aventura empieza en el estado de Georgia. De momento hay dos temporadas completas de cinco capítulos cada una, más un capítulo adicional que hace de puente entre temporadas. El hecho de que hable de capítulos se refiere a esta cosa moderna de poner a la venta cachos de videojuegos, que se van liberando poco a poco previo pago. Pero si jugáis así en retrospectiva ya podéis encontrar las temporadas completas y hacer un binge playing, si es que tal cosa existe.

La protagonista de los juegos es Clementine, una niña a la que el apocalipsis pilló en casa con la niñera y los padres de finde en plan escapada romántica. Por suerte, se encuentra con Lee, un adulto que le hará de mentor. Mientras que en la primera temporada Lee es el personaje «jugable», entendiendo esto como sobre el que recaen las decisiones, en la segunda temporada la pequeña Clementine ya habrá madurado lo suficiente como para elegir su propio camino.

Clementine: de niña a mujer
Clementine: de niña a mujer

Porque ‘The Walking Dead’ va de tomar decisiones. Quizás os haya dado un ataque de nostalgia al leer que era una aventura gráfica y se os haya hecho el culo agua pensando en la época dorada de LucasArts, Monkey Islands, Indiana Joneses y Grim Fandangos. Pues… no. La generación X es mucho más dinámica y prefiere que pasen cosas a perder el tiempo explorando para ir a buscar flores con las que aderezar la carne que hará dormir a los perros de la mansión de la gobernadora.

En este juego el motor principal que hace avanzar la acción son las resoluciones de Lee. Tanto las de «lento recorrido», como el modo en que habla a los demás personajes y el tipo de relación que entabla con ellos, como las «inmediatas», que son acciones mucho más concretas: atizarle a un zombi, amputarle el brazo a un miembro del grupo… las cosas cotidianas del postapocalipsis, vaya. A lo mejor son imaginaciones mías, pero sí que me da la impresión que en la segunda temporada hay más lugar para la resolución de puzzles. Pero vaya, si eres hijo de los 80 esto te parecerá una película interactiva, más bien. Solo debes estar atento a que, en el momento crucial, aparezca el menú de opciones en pantalla. Tienes un tiempo determinado para apretar el botón, pero en definitiva eso es todo. Si la cosa es más de acción, el juego te pide completar un socorrido quick time event, que es donde morirás dos de cada tres veces.

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Lo de «Abrir» – «la puerta» – «con el pescado podrido» es historia

Lo interesante de las decisiones en ‘The Walking Dead’ es que percibes cómo afectan al resto de la aventura. Hasta cierto punto, no nos vayamos a pasar, pero quizás lo más obvio es cuando dos miembros de tu grupo están en peligro y solo puedes ayudar a uno. El efecto «qué hubiera pasado si hubiera escogido al otro» se intensifica porque la relación con los personajes es siempre dinámica. Sé borde con ellos y ellos serán bordes contigo. O harán cualquier cosa porque, al fin y al cabo, el mundo se ha ido a pique y solo los chalados sobreviven. No te extrañe si después de ayudar a alguien, este te devuelve el favor pegándote un tiro (es un decir, no un spoiler).

Esa es la grandeza de este juego, que de hecho viene heredada de la premisa misma del universo de Kirkman. No hay decisiones buenas o malas, de hecho incluso se pone en entredicho lo que es moral o justo. Si tenemos en cuenta que la protagonista no deja de ser una niña, aún es más peliaguda la cosa. En la primera temporada, por ejemplo, decidiendo por Lee, ¿le ahorrarás a tu protegida el horror del nuevo mundo o le enseñarás a usar una pistola cuanto antes? Otro de los aciertos del juego es que, importando como importan las decisiones, al iniciar la segunda temporada puedes cargar el archivo de juego de la primera temporada para conservar el contexto como lo dejaste.

Lo de matar zombis sí es vieja escuela
Lo de matar zombis sí es vieja escuela

En el apartado gráfico, ‘The Walking Dead’ tiene ese mismo aire de dibujo animado de trazo grueso que los lanzamientos recientes de Telltale, como ‘Game of Thrones’ (sí, sí…) o ‘Tales from the Borderlands’. Personalmente, me encanta. Y la banda sonora de ambos episodios es la mar de efectiva. En cuanto a producto, apostar por esta desarrolladora sigue siendo algo seguro.

Tanto es así que este 2016 tenemos ‘The Walking Dead’ para rato. Al lanzamiento de la tercera temporada de las aventuras de Clementine le tenemos que sumar una miniserie que, esta vez sí, se alinea con los cómics (o sea, no con la tele) para narrar las peripecias no explicadas de uno de sus personajes más emblemáticos.

"Holi, motherfuckers"
«Holi, motherfuckers»
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Acta est fabula

‘Infàmia’: de vocaciones y otras intensidades

Eva Dolç es una profesora de interpretación despiadada. Tiene triturados a sus dos alumnos, que encajan los golpes como pueden. Ella, Sara, se aferra a estas lecciones en plan masoquista como su última oportunidad de conseguir un papel relevante en una obra de teatro, a sus 32 años. Para él, Aleix, todo es más relativo porque ya sale en una serie de la tele y, oye, hoy en día eso viene a ser el éxito. Cuando la tensión de este triángulo de personajes parece haber llegado a un punto de no retorno aparece Toni, un veterano actor de éxito capaz de hablarle a Eva de tú a tú y darle donde le duele.

Teatro dentro del teatro, ‘Infàmia’ pretende reflexionar sobre el oficio actoral. Si la cosa va de abrirse las carnes en cada función para transformarse en otra persona, ¿cuánto tiempo se puede aguantar tanta tormenta emocional? Si uno opta por distanciarse y desenvolverse en el escenario de forma mecánica, ¿representa un timo para el espectador? ¿Qué pasa cuando uno abandona su vocación poderosa a pesar del éxito? ¿Y cuando el éxito no llega a pesar del poder de la vocación? Por cierto, ¿qué es el éxito? Evidentemente, cada uno de los cuatro personajes aporta su punto de vista sobre estas cuestiones.

La obra también trata de forma explícita de la relación que los espectadores establecemos con lo que ocurre en escena. Por eso me permito decir, que sí, que muy bien, pero que ‘Infàmia’ puede trasladarse a existencias con menos glamour dramático. Todos nos cuestionamos, en mayor o menor grado, si lo que estamos haciendo en la vida nos llena completamente y hasta qué punto estamos dispuestos a abrimos a los demás y su tormenta emocional.

‘Infàmia’ está hecha por encargo y eso se nota. Incluso la sala donde se representa, La Villarroel, es el marco ideal para este juego meta: el escenario está situado entre dos gradas de butacas, de modo que los espectadores de primera fila están literalmente en escena. A su vez, el autor, Pere Riera, puso como condición que Emma Vilarasau protagonizara la obra. Ella está intensa, como no podía ser de otro modo. Dándole réplica, un Jordi Boixaderas que también parece tener un papel escrito a medida. Los dos representan los actores veteranos, cada uno con su concepto de la profesión y el peso de las decepciones a sus espaldas. En cuanto a los jóvenes, Anna Moliner está maravillosa en su trauma de querer vivir el Arte con mayúsculas a pesar de haber fallado al mundo y a sí misma por no haber triunfado antes de los 20 años, mientras que Francesc Ferrer desengrasa y ofrece contrapuntos de comedia con un personaje menos implicado en todos estos dramas de actores.

Aunque ya digo que cada espectador se verá reflejado a su modo en esta obra, es innegable que cuanto más espacio tengamos en nuestro corazón para las artes escénicas, más nos resonará esta ‘Infàmia’. La excusa argumental de que los personajes estén ensayando un ‘Hamlet’ ofrece innumerables momentos de fascinación, hasta llegar al intenso broche final del espectáculo.

‘Infàmia’ estará en cartel hasta el 28 de febrero en La Villarroel. Dura 1h 35′, no hay entreacto y se representa íntegramente en catalán del bueno.

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Ita dicimus omnes

‘UnREAL’: más allá de lo tróspido

El reciente estreno de ‘Un principe para tres princesas’ nos ha devuelto la alegría de lo tróspido. Esto es: un reality editado a tope, donde el humor surrealista surge tanto de la excentricidad de los participantes como de la inspiración de los editores del programa. El resultado es tan delirante que, sin adjetivos a mano para definir lo que veíamos en pantalla, alguien en Twitter acuñó el neologismo ‘tróspido’. Y cuajó.

La fórmula se ha repetido en programas que son variaciones sobre el mismo tema: alguien que busca el amor y varios pretendientes que compiten por su favor. El objetivo es hacer reír, por lo que los participantes son los primeros que no se toman muy en serio a sí mismos. Hay una complicidad perfecta entre las tonterías que dicen unos, los efectos de sonido y montaje que ponen otros y el ánimo jocoso de los espectadores.

Pero esto es en España, donde somos muy de reirnos de nosotros mismos. En Estados Unidos la cosa es muy seria, bitch, y te inculcan desde la cuna el rollo individualista y el ser la reina del baile. ¿Cómo sería la versión americana de ‘Un príncipe para Corina’? Pues sería ‘UnREAL’. Bueno, mejor dicho, sería ‘Everlasting’, que es el reality donde se ambienta la acción de ‘UnREAL’. Es todo muy metatelevisivo, pero intentaré explicarme clarito.

¿Que encontramos en ‘Everlasting’?

Mujeres peleando por un hombre. No hay una princesa cuqui besando sapos hasta encontrar a su príncipe. Lo que hay son un montón de hermanastras tirándose de los pelos por pillar cacho. Que es que los tíos estarían ahí todo el día en plan «hey bro» bebiendo cerveza y viendo futbol y no darían juego. ¿Alguien dijo machismo? Qué va, esto es espectáculo.

UnREAL - Candidatas
Ni una normal

Una productora ejecutiva sin escrúpulos. Una tía dura, curtida en mil batallas, cuyo sentido del espectáculo televisivo solo iguala a su falta de escrúpulos. En cada temporada de ‘Everlasting’ debe haber una villana, una heroína y cuanto más drama mejor. Mira si es jefa, la tía, que se llama Quinn. Bueno, se apellida. Bueno, eso.

Quien avisa no es traidor
Quien avisa no es traidor

Redactores mentalistas. Una imagen que ha desaparecido de nuestro ‘Gran Hermano’ es la del concursante expulsado llegando a plató acompañado de «su redactor». Un signo más del que el programa está en franca decadencia, si me permitís el inciso reivindactivo. El caso es que en ‘UnREAL’ los redactores compiten entre ellos incluso más ferozmente que las candidatas al corazón del príncipe. Para conservar el pellejo, porque ríete tú de la reforma laboral, tienen que producir todo el drama que sean capaces, jugando con las frágiles y simples mentes de sus, ejem, protegidas.

UnREAL

La gracia de ‘UnREAL’ es que no se centra exclusivamente en el desarrollo de ‘Everlasting’. En un juego de espejos bastante conseguido, pronto vemos que aquellos que tiran de los hilos de sus marionetas televisivas tienen bastante tela que cortar en su ‘vida real’, que diría mi madre. Ni la Reina Madre del cotarro es tan chunga y todopoderosa como parece, por ejemplo, ni la redactora estrella es tan hábil manejando su propia vida como mangoneando la de sus minions.

El planteamieno de ‘UnREAL’ es poderoso, por lo menos desde mi modesto punto de vista, que por eso me la he visto. Ciertamente la serie podría ser mejor, más que nada porque en una temporada de diez episodios es bastante significativo que la cosa pierda fuelle a la mitad. Pero con esto de las series ya se sabe, que lo que para los guionistas está siendo una temporada única de repente se transforma, desde el despacho de la cadena, en dos temporadas con extra de queso y que no me caigan las audiencias, por favor. (Sí, ‘UnREAL’ tendrá segunda temporada)

Así que, por favor, la próxima vez que estéis en una de esas reuniones donde ninguno veis ‘Gran Hermano’ y digáis eso de que es todo guion y que vaya cosa más denigrante… que sepáis que podría ser mucho más destroyer, el tema. No me seáis.


Tu cara me suena
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Adam, el premio de ‘Everlasting’, es Luke en ‘Pitch Perfect’. Al final resulta que sí debería aflojar con las hamburguesas…
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A Anna, una de las pretendientas más cuqui, la podemos ver en ‘Quantico’ opositando a agente del FBI.
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Chet, el showrunner excéntrico y caradura, fue uno de los novios de Carrie en ‘Sexo en Nueva York’. Pobre.
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Ego sum abbas

El bocadillo de lomo con queso COMO DIOS MANDA

Dios no descansó el séptimo día. No del todo, vaya. Antes de tumbarse a la bartola a ver la que había liado, creó su última obra: el bocadillo de lomo con queso. Ahí fue cuando vio que la cosa no podía alcanzar mayor perfección y optó por retirarse, no fuera que lo siguiente fuera un paso en falso. No como las divas del pop de ahora, que no tienen medida ni sentido del flop.

El problema vino luego, al dejar a la Humanidad al cargo del tinglado. De entre la interminable lista de cosas que los hijos de Adán y Eva hemos destruido figura, dolorosamente, el lomoqueso. ¡Qué difícil resulta encontrar un sitio donde te lo sirvan como Dios manda!

Por eso no puedo evitar mi labor evangelizadora e intentar enmendar la situación desde la modestia de este púlpito. ¿Que podría intentar corregir el cambio climático o prevenir que os masturbéis? Pues sí. Pero tamañas empresas exceden mis humildes habilidades para el sermón. Pienso globalmente pero actúo localmente: en el bar de la esquina de tu casa. ¡Al lío!

La magia del bocadillo de lomo con queso está en su simplicidad: lomo y queso. Lomoqueso. Puedes sofisticarlo todo lo que desees, que seguro estarán encantados de cobrarte un eurazo de más por cada chorrada que metas entre el pan. Cada mierda adicional que añadas es un paso más hacia el Maligno, así que si recorres esa senda hazlo con alegría y la batería del móvil cargadita, porque estarás solo. Yo no caminaré esa senda contigo. El lomoqueso es uno y trino.

A saber:

UNO: LOMO

No debes perder nunca de vista el hecho de que hablamos de un bocadillo. Las hamburguesas americanas esas que no te da de sí la mandíbula para morder ni que fueras una Visitante reptiliana representan todo lo malo que hay en el mundo. El bocata es algo mesurado, contenido entre dos cachos de pan. Por tanto, deja el mazacote de lomo para cuando te lo comas al plato. En un lomoqueso las piezas de carne deben ser finitas, mínimas.

Habrá quien piense que cascarte el cacho de cerdo en plan solomillo hace como más bocadillo generoso y menos mariconada de diseño. Error. Primero porque dos de cada tres veces te servirán la carne cruda por las prisas. Por otro lado, no te interesa el reborde grasiento de la loncha y mucho menos necesitas masticar cartílago para saber que el producto es genuino y animal. Al contrario, lo que quieres es que la carne se deshaga en tu boca, que sea apenas la presencia más sólida de todo el conjunto. El lomo es la piedra angular sobre la que se construye este templo. Pero si tienes que morderlo dos veces, cagada.

DOS: QUESO

Lo del queso da vértigo, lo sé. Hay tantas opciones que nunca sabes si acertarás. Pero ten siempre en cuenta estos dos mandamientos:

Tiene que estar rico. El queso aporta la gracia de este bocata. El bocadillo de lomo existe pero, ¿quién se acuerda de él? Esto se debe a que el queso posee los dos factores clave para que el desayuno nos sepa a gloria bendita: la grasa y la sal. Nadie se resiste a este combo.

Tiene que fundir. Pero fundir bien, que no es lo mismo que mucho. De nuevo, la mesura es clave. Piensa en que lomo y queso son dos amigos que se abrazan en el lecho. Uno, sólido, ofreciendo el amparo de un pechote ancho y peludo. El otro, con ese punto de desparrame cálido que genera la intimidad. Pero sin chorrear, que eso es una vulgaridad y te quedas ciego.

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Moraleja: usar queso tierno es de cobardes, usar queso curado es de brutos y usar lonchas de Tranchettes es como para arder eternamente en el infierno.

TRES: PAN

Se cometen muchas atrocidades en nombre del pan, cuando realmente hay que complicarse poco. Para el lomoqueso sirve cualquier baguette del día. Ni panes de agua, de llama, gallegos ni leches. La estupidez urbana de hoy en día impulsa a usar panes que prentenden tener solera y saber hacer, cuando resulta que las migas ultrafermentadas y las cortezas omnipresentes son lo peor que te puede pasar en un bocadillo. Pan con pan, comida de hipsters.

Volvemos al tema del volumen: no queremos un chusco de pan que nos desencaje la mandíbula. Pero, importante, queremos que tenga una corteza crujiente. Si os dan chapata tampoco pasa nada, pero las rebanadas de pan rústico (y no hablemos del pan de molde) no proceden para nada. Por otro lado, queremos que haya miga esponjosa, y no de esas que parecen de plástico, por una poderosa razón: hay que untarle tomate y echarle aceite. Repetid conmigo: untarle tomate. Si veis al señor del bar echando cucharadas de algo que saca de una cubeta infame llena de tomate triturado, podéis quemarle el local. La policía seguramente os meta entre rejas pero ya os digo yo que tenéis la venia del Señor y en el Juicio Final, que es el que importa, os choque esos cinco.

Por último, un factor clave. Hay poca gente que sepa hacer esto bien. Es más, a la mayoría de gente que sirve en bares les importa tres pitos. Pero el pan hay que servirlo caliente. No sirve de nada crear la comunión fundente perfecta entre el lomo y el queso si al masticar lo mezclas con un buen cacho de pan a temperatura ambiente.

Y eso es todo. Porque entraría a comentar cuánto deberían cobraros en el bar de turno por un buen lomoqueso. Pero si empiezo con este tema, ahí sí que se me llevan los demonios.

Podéis iros en paz.

 

 

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‘Geometría polisentimental’: como las Ruffles York’eso

¿Patatas fritas con sabor a sandwich de jamón y queso? Sabes que no puede ser verdad, que hay algo profundamente mal en el concepto mismo, pero aun así te zampas la bolsa entera. De forma mecánica, con ese punto de avidez de la adicción profunda al patateo. Y sabes que te acabarás comprando otra bolsa más.

Escuchar hoy el nuevo single de Fangoria, ‘Geografía sentimental’, ha tenido un efecto parecido en mí. Me he puesto el videoclip y he visto a Alaska y Nacho pero sonaba La Casa Azul. Es que os juro que en el estribillo mi cerebro reproducía el falsete de Guille Milkyway cuadrando el tempo en lo del cuadrado y la esfera. Hasta las pausas ahí emanan sonido efervescente.

No he descubierto nada, ya que Guille es coproductor del disco de Fangoria que está por venir el mes que viene. Por otro lado, ni siquiera es su primera colaboración. Pero ahí donde las fanfarrias de fondo en ‘Dramas y comedias’ me parecen un guiño gracioso, por lo evidente, en ‘Geografía polisentimental’ hay una simbiosis más completa y pelín incómoda.

De todos modos, no es nada que no se solucione con cuatro o cinco escuchas en bucle. Es más, escribo esto con la canción de fondo y ya me da igual. Me preocupa mucho más saber quién demonios le ha pintado los labios a Alaska en el vídeo.

Quién me ha visto y quién me ve, dándome igual a lo que suene Fangoria. Lejos quedan ya esos años en los que sus letras contenían La Verdad y podía entonar aquello de «alguien me ha prendido fuego, arderé de nuevo» con la intensidad emo de un estudiante de BUP o escribirle a mi novio en un post it «hay quién apuesta fuerte y decide quererte, sabiendo lo fácil que resulta perderte». Por más carga metafórica que le quieran dar, no me veo impregnando mi alma en «un cuadrado, una esfera, una curva, una recta, un cilindro, una estrella, una línea en zig-zag».

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Mis canciones de 2015. Top 15

Por segundo año consecutivo me he puesto a consultar en mi cuenta de Last.fm las canciones que más he escuchado en los últimos 365 días. 2015 fue un año raro, en el que intenté ser menos obsesivo y ampliar el espectro de mis escuchas. Quizás por eso las obsesiones que he no he conseguido evitar, como el disco de La Prohibida, pesan tanto en la lista definitiva.

15. ‘Canned Heat’ – Jamiroquai

No me preguntéis cómo ha llegado este tema de 1999 a esta lista. Aunque es verdad que es un temazo definitivo, no soy muy consciente de haberle dado tanto trote durante los últimos 12 meses. A lo mejor eso es lo bonito de los clásicos, que siempre están ahí…

14. ‘Circle the Drain’ – Katy Perry

2015 fue el año en que odié a Taylor Swift. En mi cruzada contra Zorra Insípida me arrimé a su némesis, Katy Perry, con fervor pueril y me puse a investigar una discografía que solo había tocado de lejos. De esos polvos, vinieron estos lodos. Pero, eh, que el filo chungo de esta canción lo mola todo, no me diréis que no. «You fall asleep during foreplay» es un verso maravilloso.

13. ‘Internacional’ – La Prohibida
12. ‘Fenómenos astrales’ – La Prohibida

Pues empezamos ya a colocar temas del ‘100K años de luz’ empezando, cómo no, por los dos primeros del disco. Que por algún lado hay que empezar. Luego ya me los iría saltando en favor de otros, pero ahí queda eso.

11. ‘Sígueme’ – Münik

Admito que me acerqué al grupo al grito de «Anda, pero si es Nika de OT». Supongo que ni ella ni yo estaríamos especialmente orgullosos ahora de habernos conocido de este modo, pero es lo que hay. De todos modos, sólo hay que llegar al estribillo de esta canción para descartar cualquier idea preconcebida y abrazar a Münik con amor. Una maravilla de canción que, además, puedo cantar con identificación de adolescente. «Sígueme ahora que soy tranquilidad. Sígueme aún estás a tiempo». 2015 fue el año de mi tranquilidad.

10. ‘212 (feat. Lazy Jay)’ – Azealia Banks

Con esta canción me pasa como en el ‘Canned Heat’ que puse antes: se las apañan para mutar y evolucionar, de modo que en el ratito que duran parece que estás escuchando cuatro temazos en vez de uno. Revisité este ‘212’, que ya huele un poco, en motivo de alguna POP Air de principios de año… y ya no lo solté.

09. ‘Eres tan travesti’ – La Prohibida

Cuando aún creía que ‘100K años de luz’ era un disco travesti me dio por escuchar esta canción en bucle. Cuando me caí de la parra la cosa cambió, pero acumuló suficientes escuchas como para desmarcarse del resto de temas del disco.

08. ‘Solo amigos’ – Münik

Del EP de Münik, ‘Otra dimensión’, he llegado a desgastar esta canción, pegadiza como pocas. Es una mierda ser un escéptico con la industria discográfica de este país, porque Münik se merecería estar pegando muy fuerte y tener discazo y gira y hasta merchandising. ¿Que no? Mi amigo Nando dice que sí.

07. ‘La colina luminosa’ – La Prohibida
06. ‘Mujer de bien’ – La Prohibida

Mientras que ‘Mujer de bien’ hacía pareja con ‘Eres tan travesti’ en mis escuchas desde el lado petardo, ‘La colina luminosa’ fue la primera canción que me fue dando otra perspectiva del disco. Recuerdo haber articulado el pensamiento más o menos literal de «pero si esto lo podría cantar cualquier grupo de pop del mundo». Y ahí empezó el amor profundo.

05. ‘Uptown Funk (feat. Bruno Mars)’ – Mark Ronson

Vale, era inevitable. Soy obvio y mainstream. Y no tengo nada más que añadir.

04. ‘Ganas de matar’ – La Prohibida

Seguimos colocando temas de este disco en el Top 15, y ya aviso que no será el último. No es solo que la producción sea maravillosa, es que la letra es para tirarse por los suelos y la interpretación se adapta como un guante. Es que ni hecha a medida. Bueno, lo está. En fin, que me chifla. Qué barbaridad. Pues mira tú que bien.

03. ‘Go’ – The Chemical Brothers

A mí es que los Chemical Brothers me dan la vida. Toda esa contundencia electrónica me pone súper burro, que yo terminé los 90 loco perdido entre The Prodigy y estos. No era de extrañar que me hiciera pis encima cuando, a mediados de 2015, avanzaron ‘Sometimes I Feel So Deserted’ como primer single.  Pero es que ‘Go’ tiene esa conexión tan total con los temas antiguos que se me hizo imposible no obsesionarme. En cualquier caso, dejando de lado a La Prohibida, el ‘Born In The Echoes’ de los Chemical Brothers sería mi disco de 2015.

02. ‘Baloncesto’ – La Prohibida

Tú y yo lo sabíamos. Seguro que al ver tanta profusión de prohibidismo anticipaste que esta canción estaría en lo más alto. Pero es que es tan redonda desde la concepción de Algora a la ejecución de La Prohibida y esa producción italodisco preciosista… Y conecta  tanto con mi drama 2015…

01. ‘The Other Boys’ – Nervo feat. Kylie Minogue, Jake Shears & Nile Rodgers

Pues así como no me avergüenza para nada que ‘Baloncesto’ esté bien arriba en la lista, no tengo muy claro qué pensar de ‘The Other Boys’… El disco de las Nervo no hay por donde cogerlo y mira que tengo una facilidad pasmosa para digerir EDM mierdero. Me lo puse en Spotify y lo descarté de un bostezo. Pero, de repente, empezó a sonar esto y me enganchó. Y que fuera una canción tan abiertamente gay me fascinó. Es un tema fácil, tan obvio que hasta se trajeron a Kylie para que hiciera de Kylie (esos mohínes y esas cosas que hace ella siempre, vamos). Pero que me lo he puesto en bucle hasta la náusea también es evidente. Y, oye, que también me he tirado 2015 preguntándome por qué no me querías como me quieren los demás.

«Why don’t you love me like the other boys do? Why can’t you call me up? Why isn’t it you?»